Posteado por: rbtwin | 15 marzo, 2013

Dos visiones éticas actuales sobre el respeto animal: Adela Cortina y Peter Singer (I)

Hay una línea de pensamiento actual que defiende las teorías del reconocimiento recíproco, que discrepa ampliamente con la corriente animalista y el utilitarismo, es descrito con mucha claridad por Adela Cortina en su libro “Las fronteras de la persona”:

 

“una ética animalista no prolonga el proyecto ilustrado de hacer justicia a los iguales, porque no hay igualdad moralmente relevante entre los seres cuya escala empieza en la ameba y alcanza el ser humano. Eso es, sin embargo, lo que pretende el animalismo.

 

Pero esto no quiere decir que no defienda a los animales, pero sus argumentos y acciones son muy distintas a las del animalismo, centra su defensa en los valores del ser humano:

 

“En principio, quien maltrata a los animales da muestras de tener un mal carácter y además se daña a sí mismo y a los demás hombres. Parece que quien es cruel con los animales no hace sino mostrar su crueldad habitual, y teniendo en cuenta que el carácter es el conjunto de hábitos adquiridos que nos predispone a obrar de una forma u otra en los momentos concretos, es preciso reconocer que la crueldad es un mal hábito, es un vicio y un una virtud, expresivo de un mal carácter. De aquí se seguirá una consecuencia de suma importancia para la vida moral. Para acostumbrarse a respetar a las personas es preciso cultivar determinados hábitos y virtudes de compasión, gratitud, cuidado. Y quien se habitúa a no ser compasivo, agradecido y responsable con los animales acaba no siéndolo tampoco con sigo mismo ni con los demás hombres. En realidad, los únicos seres que tienen derechos son los hombres, y por eso sólo con ellos se puede cometer injusticias, sólo sus derechos pueden ser violados, pero quien se acostumbra a maltratar a otros seres acabará maltratando a los hombres. Existen pues, deberes morales con respecto a los animales, pero son deberes indirectos….Quien no cultiva esa actitud de compasión con los animales difícilmente respetará a los demás hombres.

 

Los hombres sólo tienen deberes directos consigo mismos y con los demás hombres, pero para cumplirlos necesitan cultivar unas virtudes, un carácter, unos sentimientos que les predispongan a ello. Ejercitar esas virtudes con los animales predispone a practicarlas con los seres humanos. Por eso el deber de ejercitarse no se dirige directamente a los animales, sin sólo indirectamente, a través de la importancia que tiene hacerlo para la actuación con los hombres. Tenemos deberes con respecto a los animales, pero no hacia ellos.

 

Adela Cortina defiende a la persona frente a los animales diciéndonos que “los pobres siguen siendo los que no preocupan a nadie desde que surgió el homo sapiens al menos, por mucho que pertenezcan a la propia especie.” Pero los recursos que se utilizan hoy en día para los hombres, son lógicamente infinitamente superiores a los dedicados al bienestar animal, y a nuestro modo de ver las cosas, este no es el problema, porque consideramos que recursos hay suficientes para sacar de la pobreza a todos los hombres y mantener un bienestar animal razonable, en el sentido de sólo hacer sufrir a los animales cuando esté totalmente justificado para un beneficio en el avance del progreso humano y evidentemente esto incluye erradicar la pobreza y las enfermedades que azotan el mundo.

El antropocentrismo de Adela Cortina es crítico aludiendo que “cualquier investigador que desee experimentar con animales ha de cursar un máster sobre cómo manejarlos como conditio sine qua non, cosa que no hace falta si el proyecto se dirige a experimentar con humanos” pero vemos una diferencia fundamental a la hora de experimentar con humanos o con no humanos, se trata del consentimiento que si otorgan los primeros y que no pueden hacerlo los segundos. Hemos expuesto la importancia de ser riguroso a la hora de respetar todas las posibilidades de reducir el sufrimiento en la experimentación animal, incluyendo aquí la importancia de la formación del personal que trabajará con los animales para tratar de infligir el menor dolor posible, pero los animales carecen de la capacidad de discernir los conceptos de justicia y decisión como hemos visto, cosa que en el ser humano no ocurre. Por lo que obviamente también debería existir una rigurosa preparación para la experimentación con humanos, pero también hay que hay que tener en cuenta, la gran diferencia  de la posibilidad que tiene el hombre de dar su consentimiento y la incapacidad del animal de hacerlo, aunque esto no otorgue el tratar a ninguno de diferente manera en cuanto al cuidado en infligir el menor dolor posible.

Los animales tienen capacidad para sufrir no sólo por daños físicos directos, sino por miedo, ansiedad, estrés, etc, algo que no se suele tener en cuenta, al fin y al cabo es sufrimiento de igual manera. Sin embargo los seres humanos cuando sienten dolor cuentan con una pauta de conducta de la que carecen los no humanos: un lenguaje desarrollado. Otros animales pueden comunicarse entre sí, pero no, según parece, de una forma tan complicada como la nuestra. 

Peter Singer alude que hay seres humanos como los bebes o ciertas formas de discapacidad que no pueden comunicarse mediante el lenguaje y se les tiene en la misma consideración que al resto de humanos, con los mismos derechos, sin embargo defiende que en el plano del lenguaje en ese momento están a la altura de cualquier animal no humano, para él esto demuestra que no hay razones convincentes, ni científicas, ni filosóficas para negar que los animales siente dolor, y efectivamente el antropocentrismo no defiende esta postura sino la del valor intrínseco del humano frente al no humano. Pero si que es verdad que la inteligencia del humano le da la ventaja sobre el no humano frente al dolor porque por sus capacidades mentales, tales como la anticipación o la memoria superior, les harán sufrir menos que los no humanos.

De hecho Peter Singer defiende en su libro “Liberación Animal” que “casi todos los signos externos que nos motivan a deducir la presencia de dolor en los humanos pueden también observarse en las otras especies. Sabemos que hay animales que poseen sistemas nerviosos muy parecidos a los nuestros, que responden fisiológicamente como los nuestros cuando el animal se encuentra en circunstancias en las que nosotros sentiríamos dolor”, lo que es un argumento válido para igualar la preparación de las personas que van a experimentar con unos y otros, pero aludiendo a una metáfora debemos jugar  la partida con todas las cartas y no podemos obviar las capacidades que tiene el ser humano otorgadas por su razón, de las que carece el ser no humano, y como nos dice Adela Cortina “el deontologismo humanista habría acertado al decir que los derechos son cartas de triunfo a las que hay que recurrir para que el juego sea moral, sólo que el humanista pone el tope del derecho en los seres humanos y el animalista quiere extenderlo a los animales. Esto es, a fin de cuentas, lo que significa la primacía de lo justo sobre lo útil”, y añadimos nosotros, del antropocentrismo sobre el animalismo, y a ojos de un animalista, el triunfo del especismo.

El especista permite que los intereses de su propia especie predominen sobre los intereses esenciales de los miembros de otras especies. Casi todos los humanos son especistas según Peter Singer, pero por contra, Adela Cortina defiende que la defensa de la dignidad humana es inmoral tacharla de egoísta, y que es una manera de defensa del utilitarismo animalista mediante el ataque.

No se posible mantener una posición a favor del movimiento animalista como dice Adela Cortina “buscar un animal para tener compañía, cuidarlo y adiestrarlo para ganar su afecto, son formas de egoísmo si no van acompañadas del vegetarianismo y de una posición activa en la defensa del bienestar animal”, pero Peter Singer con anterioridad en “Liberación Animal” está refrendando esta actitud defendida por Adela Cortina, mostrándose un activo defensor del bienestar animal y explicando en su libro como experimenta un cambio hacia el vegetarianismo a medida que va siendo consciente de las acciones que se realizan con los animales en la investigación y la explotación en granjas, demostrando así que está lejos de la hipocresía que pueden mostrar algunos animalistas predicando unas convicciones que después no llevan a la práctica con sus propias acciones.

El sentido de la propiedad de la sociedad actual en la era del neoliberalismo nos lleva a pensar también en la posesión sobre los animales por la capacidad que tenemos de ejercer nuestro poder en dominarlos gracias a nuestra inteligencia, y es algo que el antropocentrismo actual incluye en el derecho a la propiedad como defiende Adela Cortina, “el derecho a la propiedad comporta el respeto a la posesiones de los propietarios, también a los animales de los que son dueños”, pero por contra el movimiento animalista habla de “responsables” de los animales y no de “dueños”, en una línea ecológica hacia la que los animales son de la naturaleza, al igual que lo es el hombre, y en contra de que el hombre es el propietario de la tierra y los animales, porque eso le otorga una responsabilidad que si no la ejerce correctamente conduce a situaciones de explotación y maltrato animal y desastre ecológico por diferentes causas.

La compasión por los animales defendida por el antropocentrismo, o al menos por una parte de él, puede ser descrita en el mundo animalista como prepotencia, precisamente porque la compasión es un concepto único vaya a quien vaya dirigido, claro que las posiciones son contrapuestas dado que unos hablan de compasión y otros de derechos, pero también se puede hablar simplemente de respeto. Adela Cortina defiende que la compasión no es una postura especista, sino que implica reconocer que los intereses de los animales no son suficientes en sí mismos como para tenerlos en cuenta y propone que ¿Se trata de ser compasivo con los animales por fomentar la compasión con los humanos, que es le mensaje de los deberes indirectos?

Queremos hacer hincapié en que rechazar el especismo no significa pensar que es lo mismo matar a una persona que a cualquier animal. No es una contradicción de Peter Singer afirmar la desigualdad ante la muerte y la igualdad ante el sufrimiento. El interés en seguir viviendo es muy distinto al interés en evitar el dolor.

Mientras que el interés que un sujeto pueda tener en conservar su vida depende de qué vida va a ser esa, el interés en evitar el sufrimiento es universal. Por eso es importante la distinción que hace Singer entre muerte y sufrimiento. Y mientras sea del mismo tipo y de la misma intensidad, independientemente de quién lo padezca, tiene la misma importancia moral, pero esto no es compartido por las líneas antropocentristas, siempre basadas en que el valor de un sufrimiento no es lo mismo en el hombre que en el animal.

La diferencia de capacidades sólo es relevante cuando afecta al tipo o la intensidad del sufrimiento. Lo que no se puede hacer es justificar el sufrimiento por la falta de una capacidad que no tiene nada que ver, pero esto se convierte en algo extremo porque como defiende Adela Cortina no es lo mismo una ameba que un chimpancé, y el rango dentro del mundo animal es muy variado  y diferente en toda la escala de especies animales.

Ni siquiera existe una relación sistemática entre la inferioridad de capacidades y la disminución del sufrimiento. La incapacidad del niño para entender lo que pasa, no disminuye, sino que empeora, su experiencia de dolor, pero tiene la categoría de ser social que lleva unos derechos adquiridos defendidos por el antropocentrismo.

Estas diferencias en las capacidades justifican diferencias de trato, pero no de consideración moral para los animalistas.

Singer defiende que “la igualdad es una idea moral, no la afirmación de un hecho. El principio de la igualdad de los seres humanos no es una descripción de una supuesta igualdad real entre ellos: es una norma relativa a cómo deberíamos tratar a los seres humanos” pero entra en contraposición con que la idea antropocentrista de que valor moral no existe para los animales, solo para el ser humano o al menos no tienen las misma consideración moral los humanos y los no humanos.

Encontramos puntos en común en Adela Cortina y Peter Singer como es la conclusión de minimizar el sufrimiento y asegurar el bienestar del mayor número de animales, por diferentes razones,  ya que Peter Singer opta por reducir el maltrato a los animales en la experimentación y en las granjas de explotación y Adela Cortina cree que esto no es siempre posible porque sino también tendríamos que reducir que se dañen unos animales a otros en la naturaleza o asegurar que las inclemencias de la naturaleza no merme su bienestar. Ambos tienen razones muy diferentes, pero   dan con una misma conclusión.

Hay un propuesta realmente interesante de Adela Cortina en su libro “Las fronteras de la persona”, a nuestro modo de ver por integradora y comprensiva:

 

“Sería posible una teoría del contrato que tuviera por firmantes únicamente a los seres humanos y los considerara, por tanto, sólo a ellos como miembros de la comunidad política, pero entendiera que son beneficiarios de este acuerdo no sólo los firmantes, sino también aquellos seres que por ser valiosos y vulnerables han de ser protegidos y cuidados. Si hay seres que son valiosos, tiene todo el sentido defenderlos del maltrato y educar en el cuidado, no en la crueldad o la indiferencia. Pero siempre, eso sí, que eso no reste un ápice de energías en el trabajo por el desarrollo humano”.

 (continúa en próximas publicaciones)

Rafa Boix, noviembre 2012

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