Posteado por: rbtwin | 6 mayo, 2013

Jóvenes maltratadores – Taller

 

MALTRATO EN LAS RELACIONES PATERNO FILIALES

TALLER 2 Jóvenes maltratadores.

Serafín Martín Corral

La violencia ejercida por menores en el ámbito familiar comienza a ser una cuestión socialmente visualizada a través de los medios de comunicación, sobre la que va creciendo una mayor preocupación y sensibilización. Sin embargo, debemos de ser cautelosos sobre el tema porque representa un fenómeno con características muy dispares y es relativamente poco conocido. Surge como un problema individual y social sobre el que faltan tanto investigaciones como el afianzamiento de estrategias de intervención diseñadas específicamente para el mismo.

En este taller intentaré examinar tres aspectos: apuntar en primer lugar algunas reflexiones sobre la diversidad del problema, un segundo punto donde se recogen algunas de las características que presenta el fenómeno, y un tercer apartado sobre algunas formas de intervención desde la justicia de menores.

1.- Diversidad del fenómeno.

Resulta difícil anticipar conclusiones respecto a esta cuestión en una sociedad como la que vivimos, que tolera mal la frustración, soporta mal las contrariedades y ofrece todo tipo de artilugios materiales frente a las necesidades de atención personal, aportando un modelaje inadecuado para el aprendizaje adolescente sobre la frustración y el duelo psicológico por las pérdidas de la infancia en el camino hacia la edad adulta. Desde la práctica clínica de los equipos técnicos de la Fiscalía y Juzgados de menores quizá sepueda apuntar hoy en día que las expresiones de violencia de los menores en la familia, dirigidas contra los progenitores no responden a un origen unívoco, ni a un solo tipo de etiología, y tienen además manifestaciones muy diferentes. Aunque para la ocasión nos preocupemos sobre todo de factores relacionales familiares e individuales, los factores de riesgo de la violencia juvenil son tanto contextuales y comunitarios como relacionales y personales. Son problemas que naturalmente se reproducen en las relaciones interpersonales familiares, con expresiones a menudo confusas y poco claras, y con narraciones de los implicados dirigidas sobre todo a una puntuación interesada del discurso sobre el conflicto y a las culpabilizaciones cruzadas.

Intentaré agrupar una casuística diversa en grupos que participan de algunas características comunes. Dicha agrupación permite, por otra parte, establecer un punto de reflexión acerca de la diversidad del origen y las modalidades de esta violencia. En la mayoría de los asuntos encontramos adolescentes que no soportan el “no” y reaccionan con actuación de la rabia frente a ello; en los que predominan las “actuaciones” que se soportan en procesos mentales poco elaborados y mecanismos de defensa primarios.

a.- Menores con actuaciones violentas contra los progenitores, cuyo detonante más perceptible es la adicción del adolescente a determinados tóxicos. Suelen coincidir con menores que hasta la adolescencia no han presentado conductas especialmente problemáticas. El comienzo de la adolescencia de estos menores se asocia a cambios radicales de comportamiento, a un inicio del consumo de tóxicos que se acompaña, entre otros síntomas, de un progresivo deterioro de las relaciones entre el menor y los progenitores. Destaca una progresión del comportamiento trasgresor del menor con pérdida de autoridad de las figuras parentales. Menores que no han podido aprender la capacidad de espera y la demora de la satisfacción y demandan mágica y urgentemente una solución o satisfacción inmediata. Adolescente que huyen hacia adelante con tendencia a la pseudomadurez, con características de omnipotencia y narcisismo. Estos supuestos suelen vincularse también a comportamientos disociales en otros ámbitos de desarrollo y a conflictos en los diferentes entornos de relación.

b.- Menores de familias con dinámica relacional conflictiva de larga trayectoria. Supuestos en los que el entorno familiar del menor está saturado de conflictos. Presencia de violencia entre los progenitores, del padre hacia la madre habitualmente. Posible separación conyugal, divorcio, situaciones repetidas de riesgo y desprotección para el menor, etc.

Una característica relevante del conflicto entre los progenitores suele ser la desautorización y desvalorización mutua, respecto a las responsabilidades educativas sobre los hijos. Tanto la madre respecto al padre como viceversa se han desacreditado ante los hijos desde la infancia de estos, habiéndose devaluado o perdido las funciones de modelaje, autoridad, etc. Al menor que ha padecido violencia dentro de su familia no se le ha permitido organizar figuras internas de seguridad y satisfacción y puede que responda con violencia como forma de protección frente a la propia inseguridad.

c.- Familias con figuras de autoridad desdibujadas, menores que han vivido desde la primera infancia con carencias de pautas y limites claros. Figuras parentales asustadas y frágiles: figura paterna maternalizada ocupada del rol emocional, pero escondida frente al rol de autoridad, confusión de roles y falta de competencia para colocar al menor frente a la norma como fundamento organizador de la vida externa e interna. En ocasiones sucede en familias monoparentales en las que el progenitor tiende a servirse inadecuadamente del menor como soporte emocional y este puede ejercer un rol generacional impropio, asumiendo como contraprestación prerrogativas que no le corresponden. Otras veces su función es la de unión de la pareja, para que esta no se disuelva. Menores con padres que confunden el ejercicio de la autoridad y de la represión necesaria con el ejercicio del autoritarismo, desprotegiendo al menor con una permisividad complaciente y dañina.

Suelen caracterizarse como menores arraigados en el logro de satisfacciones infantiles con un movimiento adolescente regresivo.

d.- Supuestos de menores adoptados en los que la adopción emocional no parece estar adecuadamente elaborada y presentan problemas de vinculación emocional. Posiblemente este no sea un grupo significativo dentro de la casuística general, y mucho menos dentro de las adopciones; pero si aparece un número notable de menores adoptados, que en la adolescencia, si no antes, se revelan y entran en conflicto con las figuras parentales. La separación que todo adolescente comienza a hacer de sus padres, sufre en estos casos una crisis y tiene una radicalidad desestabilizadora del menor y de la familia. Situaciones en las que ni los padres ni el contexto parecen disponer de recursos psicológicos suficientes para abordar el conflicto, para resituar al menor y contener las expresiones emocionales y las conductas violentas que presenta. Aparecen en estos casos problemas de vinculación afectiva, reproches y rechazo de los adoptantes como figuras emocionales y normativas, sentimientos de impotencia de los padres, etc.

e.- Menores que presentan dificultades o trastornos psicológicos desde la primera infancia: déficit de atención e hiperactividad o trastornos más graves. También hijos nunca queridos, que no han tenido una figura familiar que ofreciera cariño y afecto. Entre los principales factores de personalidad y del comportamiento violento juvenil se encuentra la hiperactividad, la impulsividad y el control deficiente del comportamiento y los problemas de atención. Menores que, a pesar de la ayuda recibida, o de la que han carecido, irrumpen en la adolescencia con un plus en la intensidad de las conductas transgresoras y violentas hacia las figuras parentales. Los problemas de conducta interrelacional parecen presentes desde la infancia, pero su intensidad y frecuencia se amplifica en la adolescencia, tanto en el ámbito familiar, como en otros entornos.

2.- Características del fenómeno.

No existe un patrón único de respuesta entre los menores que responden con violencia frente a las figuras parentales, hay algunos menores cuya trasgresión está centrada fundamentalmente en la dinámica del conflicto familiar (d, a veces c); en otros casos el adolescente presenta un comportamiento disocial más general y que reproduce el conflicto en entornos y situaciones muy diferentes(a, b, e).

En relación al género se constata que la mayoría de los menores denunciados corresponden a adolescentes varones, apareciendo un numero muy reducido de mujeres. Tenemos, por otra parte, que el mayor numero de denuncias corresponde a agresiones realizadas contra las madres; en algunos casos participa también como víctima directa el padre, y hay casos que la violencia se dirige hacia algún hermano menor; pero predominan claramente las agresiones que se dirigen contra la madre.

Los comportamientos violentos generalmente tienen un patrón de progresión; suelen aparecer primeramente las agresiones psicológicas; insultos, amenazas, chantajes, exigencias, etc.; aparece la violencia contra objetos, deterioro y destrozo mobiliario y finalmente agresiones físicas, como empujones y golpes.

La familia suele interponer la denuncia cuando aparecen o se repiten las agresiones físicas; si bien algunos casos también formulan denuncia cuando han perdido la capacidad de control y de contención del hijo y este funciona con absoluta autonomía sin atenerse a horarios de entrada y salida, abandono de responsabilidades, etc., y se asocia además alguna conducta de violencia psicológica.

Muchos estudios revelan que la agresividad en la infancia es un buen predictor de la agresividad en la adolescencia.

Un grupo importante de los menores denunciados vive con uno solo de los progenitores, con la madre la mayoría de las veces, simultáneamente el padre suele estar ausente o, si se encuentra próximo, no asume la convivencia con el menor cuando se ha sugerido, por algún tipo de imposibilidad del propio progenitor o por rechazo del menor de esa opción. No es infrecuente que el padre haya perdido ascendencia respecto al menor, bien porque ha sido excluido, bien porque se ha alejado.

Hay menores cuyo comportamiento trasgresor se manifiesta solamente en el conflicto de relación con las figuras parentales; se encuentran integrados en un recurso formativo reglado, con relaciones aceptables en su entorno y quizás con relaciones normalizadas con otras figuras de la familia extensa. Si bien, las tensiones del menor en el conflicto familiar suelen extenderse a la relación con otras figuras de autoridad, apareciendo, por ejemplo, dificultades en las relaciones con profesores o con otros adultos cercanos. Cuando el conflicto se

generaliza a otras figuras de autoridad tiende a coincidir con dificultades y deterioro del proceso académico.

Hay progenitores que denuncian con finalidad instrumental; no desean tanto un proceso penal para los hijos, como que se les asuste para que cambien y no repitan esa conducta. Otras veces se debaten en la ambivalencia emocional, oscilante entre la denuncia con petición de alejamiento del hijo en momentos de crisis y la solicitud de reintegración familiar precipitada, cuando ha transcurrido un periodo de separación y se recuperado cierta calma.

3.- Alternativas y recursos de intervención.

La evaluación de las conductas violentas denunciadas de los hijos contra los progenitores se lleva a cabo por el equipo técnico en circunstancias particulares: el motivo viene precedido por una denuncia de los propios progenitores del menor, la exploración se lleva a cabo en el contexto y jurisdicción penal de menores, y el propósito es la adopción de una medida judicial sancionadora educativa, que habrá de ajustarse a la conducta delictiva específica por una parte y, por otra, a las condiciones personales, sociales y educativas que presenta el menor. Todo ello con el propósito de facilitar el cambio y un reaprendizaje social.

La llamada de los progenitores a la jurisdicción penal de menores es una petición de ayuda a la última instancia de control social. Ocasionalmente también se produce alguna perversión puntual que emplea esa llamada como primer reclamo de ayuda para delegar la responsabilidad parental. Esto equivale a considerar que los recursos educativos, sociales y de salud, si se han utilizado previamente no han encontrado solución satisfactoria para las conductas violentas que presenta el menor. Se presupone, por tanto, que la gran mayoría de denuncias por haber sufrido violencia de los hijos, no se referirán a cuestiones baladíes.

La evaluación del equipo técnico, del menor sujeto de la conducta violenta denunciada contemplará naturalmente la gravedad, cronicidad y comorbilidad de la misma; pero esa exploración no se limitará solamente a la conducta señalada. Estudiará también los contextos del menor, el educativo y social y especialmente en este caso, el familiar.

Al diseñar programas para abordar y prevenir la violencia adolescente es importante abordar no solo los aspectos individuales cognoscitivos, emocionales, conductuales y sociales; sino también el sistema familiar y social que configuran estos factores.

La propuesta de intervención profesional que se realiza a partir de la exploración efectuada, aunque acotada por la norma penal, goza de un abanico de posibilidades, alguna de las cuales examinaremos a continuación.

a.- Posibilidad de abordaje del caso como procedimiento extrajudicial a través de un programa de mediación. Tal abordaje exigirá naturalmente la presencia de determinadas características:

.- Que el menor reconozca su participación y asuma como propia la conducta violenta contra los progenitores que se ha denunciado

.- Disposición del menor a abordar el conflicto generado con dicha conducta y a trabajar en la búsqueda de alternativas.

.- Disposición de los progenitores a examinar el conflicto con el menor y a trabajar también en la búsqueda de alternativas para la resolución del conflicto. Sin esa implicación y presencia activa de los progenitores no habrá manera de abordar el conflicto con todos los integrantes del mismo y la respuesta quedará simplificada a una reparación indirecta del menor. La mediación con el grupo familiar será más o menos prolongada en el tiempo y podrá implementar diversos compromisos: abordaje exclusivo y global de los diferentes aspectos del conflicto sólo con el mediador; abordaje parcial del conflicto con el mediador y compromiso con este para implicarse simultáneamente en otros programas o servicios que aborden la cuestión, etc.

b.- Una vez que se inicia la vía judicial, el informe de asesoramiento del equipo técnico informará acerca del menor y sus circunstancias y propondrá una medida de las contempladas en la Ley, que se ajuste al interés y a las necesidades del menor; el Ministerio Fiscal decidirá si la solicita como acusación y el Juez la acordará si aprecia prueba condenatoria.

La conducta violenta de los menores hacia los progenitores está inserta en un sistema de interrelaciones de todos los miembros de la familia y representa un comportamiento emergente, siendo con frecuencia parte de un conflicto más complejo que la conducta contemplada por la jurisdicción penal. La decisión penal no conlleva un abordaje holístico, ni integral. Las medidas que se desprendan del abordaje penal solamente obligarán al menor respecto a la conducta denunciada y en función de las necesidades educativas individuales que presente. Esto naturalmente supone una limitación para intervenir adecuadamente con este tipo de conflictos y problemas familiares.

Del abanico de medidas posibles desde la jurisdicción penal de menores analizaremos algunas de ellas estrechamente relacionadas con la conducta que estamos examinando.

b. 1.- Separación del menor del grupo familiar. Algunos criterios para asesorar esa separación: Cuando se aprecie situación de desamparo para el menor (menores agredidos, abandonados, no queridos, etc.); cuando se estime riesgo evidente de repetición de las conductas violentas hacia progenitores o hermanos y las consecuencias sean importantes, falta de ascendencia mínima de las figuras familiares adultas y no aceptación ni cumplimiento del menor de las normas básicas de convivencia.

La consecuencia de la presencia de tales criterios conllevará una posible propuesta del equipo psicosocial para que el menor salga del domicilio familiar, derivándose tres posibles alternativas:

.- convivencia con otro progenitor si media separación; o con otro familiar dispuesto a asumir dicha responsabilidad.

.- convivencia con grupo educativo de protección. .- convivencia con otra persona, familia o grupo educativo de “reforma”.

Hay otros supuestos en los que la medida de alejamiento está solicitada por la propia familia y se adopta la misma, no tanto por las características y necesidades educativas del menor, sino por imperativo legal. Esto puede suponer, en determinadas circunstancias, una medida que refuerce la designación del menor como “chivo expiatorio” dentro del conflicto familiar y una percepción del propio menor de ser tratado injustamente.

Los recursos para las medidas residenciales que acuerda la L.O. 5/2000; “convivencia con otra persona o familia”, no están disponibles, y no sólo en nuestra comunidad, sino de forma general. Ha sido una medida con escasa aplicación, quizás por la falta del recurso y también porque las pocas experiencias habidas han derivado en fracasos.

El recurso de grupo educativo de reforma se tiende a interpretar como un internamiento en régimen abierto. La dificultad estriba en qué grupo ofrecer a un menor acusado de conductas violentas contra sus padres cuando no median otras actuaciones disociales y se encuentra relativamente integrado en el medio escolar y en el entorno social. Por otra parte, según mi criterio, no cabe entender la convivencia en grupo educativo similar a una medida de internamiento en régimen semiabierto, ni que dadas las circunstancias, por el lugar que se lleve a cabo, desarraigue al menor de su entorno, si eso no es un objetivo.

b.2.- Las intervenciones más habituales contra la violencia de los adolescentes se guían por el propósito de incrementar la influencia de los factores positivos y protectores, con la implementación de habilidades, actitudes, creencias y comportamientos proactivos.

Los programas dirigidos al desarrollo de tareas socioeducativas para reducir la violencia del menor contra los progenitores, tanto como la expresada en otros ámbitos, desarrollan estrategias diferentes y suelen concentrarse en algunos de los siguientes aspectos para ser eficaces en la prevención de la violencia:

.- control de la ira .- solucionar conflictos .- aumentar resistencia ante las contrariedades .- habilidades para resolver problemas de relación .- desarrollar competencias prosociales.

Estas estrategias se planifican con una orientación naturalmente individual y adaptadas al menor que ha sido penalmente sancionado, pero no pierden de vista la solicitud de colaboración y participación directa de la familia cuando accede a ello.

b.3.- Estrategias terapéuticas y de otros tipos

El tratamiento psicoterapéutico orientado individualmente tiene muchas formas de llevarlo a cabo, pero prevalece un objetivo común, el de mejorar la comunicación e interacción entre el menor y sus progenitores. Cabe también contemplar otros objetivos según las características y necesidades del caso, como facilitar recursos para un mejor control individual y familiar de estreses ambientales y para un mejor empleo de los recursos sanitarios y sociales.

Los programas de terapia familiar, aunque costosos, a menudo resultan más eficaces que los programas de psicoterapia individual; pero como tales programas no pueden ser directamente prescritos desde este ámbito. Habrá de ser la propia familia quien se incorpore al mismo voluntariamente.

La medida de psicoterapia tendrá que ser voluntariamente aceptada por el menor, ya que si este se opone a tal medida el juez habrá de acordar otra medida diferente. Aceptar la medida de tratamiento conlleva que el adolescente acuda al centro que se le designe con la periodicidad que prescriba el terapeuta que le atiende. Puede ser acordada como medida única o como complemento de otra medida. Lo más frecuente es que la misma sea una obligación de una medida de libertad vigilada.

Los conflictos del adolescente con la familia suelen necesitar siempre estrategias de intervención global y la medida de libertad vigilada ofrece condiciones más favorables para ese propósito.

Algunas dificultades asociadas a la medida de tratamiento:. Actualmente no hay servicios con experiencias y programas específicos para estos problemas derivados desde la jurisdicción penal. Hay que reconocer por otro lado, el surgimiento reciente de varias alternativas en nuestro entorno más próximo.

La participación de la familia, aunque resulte paradójico, no esta siempre ni mucho menos garantizada. Hay progenitores desinteresados en prestar su colaboración por diversos motivos; por desafecto, por conflictos propios, por sentirse agotados y derrotados después de los esfuerzos e intentos invertidos a lo largo del tiempo, por haber ensayado ya actuaciones sociales, otros tratamientos, etc.

Los adolescentes que presentan consumos de tóxicos requerirán una estrategia específica para llevar a cabo programas dirigidos específicamente a la deshabituación y tratamiento de tales problemas. Los adolescentes adoptados que presentan conductas violentas sobre los padres, con ruptura de las relaciones, necesitan también programas de intervención específica para ellos y sus familias. Programas que desde el ámbito de protección de menores, deberían estar insertos en estrategias de seguimiento e intervención de las dificultades y problemas específicos de la adopción a lo largo del tiempo.

En conclusión, la violencia de los menores hacia los progenitores tiene un origen y unas manifestaciones diversas y para hacer frente a los conflictos y problemas relacionados y asociados a esas conductas violentas, son necesarias estrategias globales de intervención, que aborden el conflicto en las dimensiones personal y familiar. Para lo cual se hace imprescindible la colaboración, cuando no la incorporación directa de la familia a los programas de intervención.

Posteado por: rbtwin | 17 abril, 2013

La conciencia social en un artículo de opinión

Javier Berruezo

LA SUBVERSIÓN MARGINAL

Los individuos en riesgo, ¿diamantes en bruto o bombas de relojería? Tanto lo uno como lo otro, para esta sociedad es conveniente que los individuos tomen conciencia desde bien pequeños de la necesidad de que sus actos no atenten y beneficien a la mayoría.  De que se le inculquen actitudes, valores y conocimientos que les hagan llevar una vida cómoda y confortable, una sutil disciplina que limite su capacidad de subversión, que los individuos se sientan acabados, completados y proyectados hacia un fin concreto que ponga fin a todo acto no previsible, en definitiva, que se le programe y dirija su vida.  La potencialidad productiva humana se debe de aprovechar, beneficiará a todo el mundo, eliminará la pobreza e igualará a los individuos en una clase media acomodada y complaciente, tan solo superada por la minoría rica y ejemplar.

El papel que ofrece la escuela a los niños que carecen de una familia que puedan educarlos es tan correcto y suficiente que no tiene por qué verse enturbiado por una serie de colectivos que pretenden menospreciar esta función y realizan una educación fuera de todo control y supervisión.  Con esto no quiero decir que desaparezcan las asociaciones como Nou Grup, que pretender proteger a niños y jóvenes en riesgo, y que realizan una gran labor dando garantías y fomentando un aumento de la natalidad, tan solo quiero reconocer que todos los colectivos han de unir sus fuerzas y no pueden ir por caminos desiguales, todos han de confluir en las exigencias que marque la institución escolar en cuanto métodos y objetivos de la educación.  No se trata de potenciarles sus peligrosas particularidades, sino de “domarlos” cual caballos salvajes.   La redención por medio de una educación que consiga llevarlos por el buen camino, que los mantenga entretenidos y con la mente tranquila.

En estos aspectos, la inculcación de las necesidades sociales correctas y el aprovechamiento de su potencialidad productiva, la mano y mente de los poderes debe estar patente, sin unas normas de obligado cumplimiento y un control por parte de la administración o los poderes donde esta delegue la curiosidad y maldad humana puede conducir a las mentes pueriles por derroteros peligrosos para el bienestar de la sociedad.

Las instituciones no productivas materialmente han de aferrarse a las doctrinas que les marquen los organismos (personas) que las financien, un “leisse affeire” por parte de éstas producirán un daño moral y actitudinal irreparable.  Mucho me temo que instituciones como Nou Grup no pasan por los suficientes filtros para convertir las posibles enseñanzas inculcadas en futuros beneficios económicos para la sociedad.  Ofreciendo nuevas posibilidades a los individuos no conseguimos la estabilidad que el sistema necesita.  Hay que generarles un sentimiento de que están en deuda con la sociedad porque la escuela los ha educado, han sido consumidores de la enseñanza y como contraprestación tienen que competir por sacar los mejores resultados posibles, por su propio bien y el de todos.  Porque la vida es competición y hay que presentar mejores credenciales que el de al lado para poder conseguir lo que se espera de nosotros, y es mediante asociaciones como Nou Grup, junto con la propia escuela, las que tiene que marcarles los objetivos y prepararlos para la vida que les espera.

Imprescindible que se desarrolle la virtud de obedecer, como valor y actitud fundamental en nuestra sociedad, mediante una férrea normativa de conducta, utilizando sin titubeos y siempre que sea necesario el castigo al que tan a menudo se van a ver abocados a lo largo de su vida, ya que si no hacen las cosas correctamente tendrán que corregirse, lo que no podemos consentir es que los muchachos crezcan sin ningún tipo de autoridad.

 

Publicidad es un concepto suficientemente amplio como para incluir cualquier cosa, desde el cartel escrito a mano que aparece en el escaparate de la tienda de un pueblo anunciando la proximidad de una fiesta en la parroquia, al anuncio de una bebida refrescante o de un modelo de coche que se transmite por un canal de televisión de ámbito continental a la hora de mayor audiencia, que ha utilizado el talento de cientos de personas y ha costado cientos de miles de euros.

Este libro está enfocado hacia la publicidad a gran escala en los medios de comunicación de masas, especialmente en los Estados Unidos y Gran Bretaña. La mayor parte de esta publicidad se refiere a bienes de consumo.

Nuestra atención se centra principalmente en los anuncios dirigidos al público en general sobre bienes de consumo o servicios, diferenciándolos de los anuncios técnicos y de comercio dirigidos a expertos y profesionales. Éstos, aunque a veces puedan aparecer en los mismos medios de comunicación como anuncios para los consumidores, evitan la mayoría de los supuestos “pecados” de los anteriores, y son con frecuencia muy informativos y útiles para el comprador.

Hay otro tipo de anuncio de muy especial interés: los anuncios de partidos y candidatos durante las campañas políticas, con frecuencia realizados por las mismas agencias que promocionan la venta de bienes de consumo. Ese trato a los políticos como artículos en venta es un asunto de profunda preocupación, la principal preocupación de todo este estudio.

La alienación y aislamiento de los individuos en la sociedad de masas, apartado de viajes lealtades y anteriores vínculos agrupacionales, produce una necesidad de nuevas pautas de conducta y nuevas señas de identidad. La publicidad debe, en consecuencia, vender no sólo bienes y servicios sino también definiciones de vida, estatus, imagen, esperanzas y sentimientos.

Hay muchas interpretaciones de la percepción liberal de la naturaleza humana, que varían en sus detalles y en la prominencia dada a los diferentes componentes, pero la creencia de que somos, como especie, individuos competitivos, acaparadores y egoístas es una creencia en la que todas participan. En contraste con la unidad orgánica del feudalismo, la mentalidad liberal concibe la sociedad como una simple congregación de partes totalmente autónomas. Para el liberalismo, individuos antecedentes a, e independientes de la sociedad, crean instituciones sociales únicamente para una satisfacción más eficiente de sus intereses egoístas.

Pero el liberalismo también enseña a los individuos, puesto que son racionales, a darse cuenta de que los fines propios pueden alcanzarse más fácilmente a través de una conducta socialmente aprobada como, por ejemplo, el respeto a la propiedad, el mantenimiento de los contratos y el libre intercambio de bienes y servicios en un mercado libre. Se predica la total filosofía del mercado y la justificación de su funcionamiento, como la presunción de individuos racionales, todos con acceso a una perfecta información, y todos con capacidad de razonamiento basado en tal información.

La naturaleza humana es no sólo egoísta, sino acaparadora. Incluso admitiendo motivos altruistas, los seres humanos continúan inclinados a satisfacer tantos deseos como les sea posible.

Adam Smith describió “el deseo de mejorar nuestra condición, un deseo que, aunque generalmente permanece calmado y desapasionado, nos acompaña sin abandonarnos nunca desde el seno materno hasta la tumba”.

Está implícito en la concepción liberal de la vida que existe una cierta satisfacción psicológica derivada de la posesión de propiedades. Queda como principio fundamental de la ideología capitalista que todos deseamos tener cosas que considerar como propias. Es un deseo de identificarnos con las cosas que yace bajo la satisfacción de utilizarlas.

Quien es “un ser enfermo o deficiente, una persona asocial o similar a un animal, que representa un peligro potencial para el orden civil y el valor social” es el individuo no-posesivo.

En la primera época del capitalismo, los trabajadores, los ganadores del jornal diario, no eran más que bestias de carga, sin sitio real en la definición de sociedad.

En el modelo “taylorista” el trabajador es tan sólo un medio entre otros muchos de los que dispone una institución que prioritariamente administra productos y dinero. Este modelo responde a las necesidades que pueden tener sociedades que deben construir o reconstruir su tejido productivo y que se encuentran en una fase de crecimiento. Lo encontramos entre los períodos comprendidos entre 1940-1945 y 1945-1976.

A finales de los setenta y durante los años ochenta, la cultura empresarial se ve sometida a una serie de contradicciones cuya resolución exigía una revisión más radical del modelo.

Se necesitó un reajuste psicológico enorme para que se aceptara la predisposición de que un incremento en el nivel de vida de las clases trabajadoras, que les permitiera ser, a la vez, consumidoras y productoras, sería la salvación del capitalismo.

Edward Filene, recalcó que la producción masiva implicaba algo más que un cambio en la escala de producción.

Es una producción en gran escala basada en un claro entendimiento de que la producción creciente requiera unas compras crecientes, y que el mayor provecho total puede obtenerse únicamente si las masas pueden disfrutar de un nivel de vida cada vez más alto.

Los ricos no pueden adaptarse fácilmente a la idea de que la clase trabajadora sirve mejor a los intereses capitalistas no con su frugalidad y continua pobreza sino comprando los productos del capitalismo.

En una economía preindustrial y agraria, la supervivencia requería un cuidadoso mantenimiento de los recursos y una restricción en el consumo. En el nuevo orden de superproducción industrial, sin embargo, la abstención y frugalidad podían ser peligrosas amenazas para la estabilidad.

Era imperativo para una economía capitalista saludable, que los trabajadores tuvieran recursos financieros y temperamento de compradores, no de ahorradores.

El propio Adam Smith había dicho que “el consumo es el único fin y propósito de toda producción”.

Lo que era nuevo era el reconocimiento de que las “clases trabajadoras” habrían de unirse a las filas de consumidores.

Mientras la industria dedicó todas sus energías para producir lo que se necesitaba, no hizo falta un gran esfuerzo de venta. Una vez la industria se mostró capaz de satisfacer algo más que las necesidades materiales básicas, hubo de persuadirse a la gente de que comprara cosas que nunca anteriormente había imaginado que pudiera necesitar.

La nueva economía necesitaba una restructuración del sistema total de valores sociales. Una cultura de impulso a la producción había de dar paso a una cultura de impulso al consumo.

Hay aún mucha moralidad ofendida por el sistema de valores promocionado en los anuncios de los medios de comunicación. Comunidades practicantes de religión, tienen un continuo sentimiento de que el consumo de lujo es a la vez un despilfarro y un pecado, un sentimiento que persiste mientras el estilo de vida real de estas mismas personas, exhibido en una abundancia de electrodomésticos, muebles, automóviles, etc., los confunde. Esto es una contradicción. Las tradiciones culturales del puritanismo mantienen una fuerte influencia pero los requerimientos de la nueva economía capitalista repudia esta cultura.

Los valores libertad, igualdad y solidaridad, concretados en los derechos humanos, el valor de la tolerancia activa, así como la imposibilidad de proponer a otros el propio ideal de vida si no es a través del diálogo y el testimonio, componen por el momento el caudal de la ética cívica en las sociedades con democracia liberal.

Lo cual no significa tanto que todas las personas que viven en estas sociedades están de acuerdo en esos valores y derechos, como que las instituciones y organizaciones de tales sociedades cobran su sentido de protegerlos y defenderlos. Por eso todas ellas han de impregnarse de los mencionados valores, respetar y promocionar los derechos morales, e incorporarlos a su quehacer cotidiano, ya que, en caso contrario, quedan moralmente deslegitimadas.

Hasta hace poco los bancos se mostraban reacios a entrar en el negocio de créditos para el consumo pues ofendía al principio conservador el animar a la gente a comprar lo que no podían pagar inmediatamente. Habría sido impensable hace unas décadas esperar que un banco adelantase el dinero a las personas para pagar unas vacaciones o amueblar una casa. Pero en su necesidad de crear un público comprador más amplio, el capitalismo ha tenido que desafiar el estigma unido a la deuda, haciendo aparecer la deuda como algo respetable. Ayudó a esta conversión el referirse a ello no como deuda sino como crédito.

La gente en las sociedades urbanas no se siente ya restringida por ningún sentimiento de que sólo puede comprar lo que necesita cuando haya ahorrado dinero para ello. Ahora sienten la posibilidad de comprar, casi como un derecho, a crédito, en cualquier momento que les apetezca. Y el capitalismo depende de que sigan haciéndolo así.

La demanda sólo puede estimularse a través de la publicidad, si puede persuadirse a un gran número de personas a aceptar la respetabilidad de las deudas. “El proceso de persuadir a las personas para que se endeuden, y las disposiciones para que puedan hacerlo, son tan parte de la producción moderna como la fabricación de las mercancías y la educación de los deseos”.

Y en tal mercado, siempre amenazado por una demanda insuficiente, la publicidad deviene un útil vital. La creación de deseo es una parte tan importante de la viabilidad económica como la propia producción. La publicidad debe hacer algo más que informar a los potenciales compradores: debe persuadirlos. En un primer nivel, la publicidad existe para promover la venta de bienes y servicios específicos. En otro nivel, más crítico, su tarea es remodelar el clima moral para una pronta aceptación de la cultura del consumo, para dirigir la atención lejos de un “ethos protestante de salvación a través de la autonegación” hacia un “ethos que apoya la autorrealización en este mundo”.

La publicidad, en consecuencia, promueve una cultura de autoabsorción y bienestar individual.

El capitalismo moderno no es lo que habían concebido los habitantes de los siglos XVIII y XIX. Al principio del siglo XX el capitalismo ha tomado otras direcciones. En la consolidación final de un proceso que había comenzado anteriormente, una economía de pequeños fabricantes y comerciantes ha dado paso a una de multinacionales y corporaciones gigantescas, impregnando cada aspecto de la vida económica.

También ha existido una concepción moral del capitalismo, que no sólo le considera capaz de producir riqueza y bienestar, sino que insiste además en su carácter moral, y es esta concepción la que se ha ido consolidando últimamente, es decir, la que propugna cada vez con más fuerza que la ética es una de sus pilares fundamentales, porque realmente el desarrollo del capitalismo siempre ha estado ligado a alguna forma de concepción moral, más o menos explícita. Las concepciones éticas que han arropado y acompañado al capitalismo han variado considerablemente, desde la inicial ética puritana de los orígenes del capitalismo, pasando por aquellas que lo defienden basándose en el derecho natural y las que siguen ligadas a alguna forma de utilitarismo, hasta las nuevas éticas de la justicia económica.

La empresa es una organización, y sucede que, las organizaciones constituyen el núcleo básico a partir del cual se organizan las sociedades en los países postcapitalistas. La clave de tales sociedades no es ya tanto la familia o el Estado-nación, como las organizaciones.

Al desaparecer la antigua relación en que los artesanos se enfrentaban cara a cara con los compradores, el vendedor sólo podía aventurar lo que el comprador podría querer, o incluso quién podría ser el comprador. Al perderse el contacto directo con los clientes, los fabricantes tuvieron que inventar formas nuevas de juzgar las oportunidades de mercado.

Un moderno apologeta de la publicidad, subrayó las fases de una economía de mercado. Se afirmó que las dos primeras eran: “Fase uno: encontrar una necesidad de los consumidores que no esté siendo atendida adecuadamente. Fase dos: diseñar un producto o servicio que cubra esa necesidad a un precio que el consumidor pueda y quiera pagar”.

Para la mayoría de los nuevos bienes de consumo, la realidad, sin embargo, suele ser la inversa: 1. Inventar un producto nuevo; 2. Persuadir al consumidor de que lo necesita. El hecho de la creación de necesidades perjudica la credibilidad de la teoría económica de mercado, pues la producción crea demandas más frecuentemente y más eficientemente que las satisface.

Y precisamente la función principal de la publicidad es hacer eso: crear deseos que no existían previamente y que nunca hubieran aparecido sin el estímulo de la publicidad.

Aún no entendemos completamente por qué la gente quiere cosas por encima de sus necesidades vitales, por qué demandan cosas por encima de lo que necesitan, cómo demandas y deseos pueden convertirse tan rápidamente en necesidades.

Posteado por: rbtwin | 10 abril, 2013

Interesante artículo sobre ética y ciencia

Ética y ciencia: algunas cuestiones con respecto al empleo de animales en experimentación para la investigación y la docencia

Alcira B. Bonilla

Universidad de Buenos Aires. CONICET. Chaco 76, 3o A, (1424) Buenos Aires. Email: abonilla@sion.com

Introducción: El “Giro Ético” Contemporáneo

Junto con la globalización del mercado y de las comunicaciones, la ruptura del orden político moderno, la crisis ecológica, la aparición de nuevas formas de violencia y la ampliación de las po- sibilidades tecnocientíficas de control de la vida, uno de los fenómenos actuales más relevantes pa- rece ser la apelación a la ética en todos los campos. De la ética, hoy convertida en fuente de legiti- mación de la mayor parte nuestras conductas teóricas y prácticas, sean públicas o privadas, se de- manda la crítica, la justificación o la utopía.

A partir de reflexiones motivadas por el diálogo con mis estudiantes, comencé a emplear la ex- presión “giro ético” para designar el fenómeno que acabo de describir hace ya varios años. Si bien fue Edmund Husserl quien la acuñó en la primera década del siglo XX refiriéndola a rasgos esenciales de su fenomenología, me pareció útil rotular con ella este giro global en expansión, del cual somos actores y espectadores simultáneamente. Seguir la génesis del “giro ético” en nuestras sociedades contemporáneas, por ejemplo, a través del tratamiento legal, académico y mediático de casos como los de Karen Ann Quinlan, Chernobyl o las matanzas en Bosnia, para nombrar sólo tres de los más significativos, revela una crisis en la creencia instituyente de las legalidades autónomas de los ámbitos político, científico y económico y la emergencia de una arena común: la ética, para la detección, tratamiento y solución de los conflictos de mayor envergadura social.

A nivel teórico, la manifestación más evidente de este “giro ético” es el auge de la “ética aplica- da”. La noción de ética aplicada quizá suene redundante para muchos, quienes, con buena lógica, piensan que la ética o es aplicada o no es ética. La tradición de la filosofía práctica occidental regis- tra gran número de pensadores que se han abocado a temáticas de índole aplicada sin desmedro de su participación en las discusiones teóricas acerca de problemas de fundamentación y de principios, de las nociones básicas de bien, acción humana, norma, valor, libertad, deber, responsabilidad, jus- ticia, o de la indagación acerca de la índole propia del lenguaje, el juicio y el razonamiento morales. Pero con los debates ocasionados por acontecimientos de resonancia mundial, como el Holocausto o la Guerra de Vietnam, el protagonismo del movimiento de las mujeres y de movimientos sociales que defienden derechos de las minorías, la conciencia de la crisis ecológica, el crecimiento expo- nencial de la población y de la pobreza y los asombrosos resultados de la investigación científica y de la tecnología, se plantean a la ética interrogantes nuevos, de relevancia social y señalada conflic- tividad moral, los cuales imponen una ampliación o revisión de los puntos de vista, de los métodos y hasta de la terminología hasta ahora admitidos.

Así puede entenderse una definición corriente de ética aplicada “como la parte de la ética que brinda una atención particular y directa a cuestiones y controversias prácticas”. También, dada la índole de los nuevos conflictos, se hace evidente la necesidad de superar el enfoque estrechamente disciplinar de la ética filosófica por un tratamiento más adecuado a la complejidad de los proble- mas. Las investigaciones actuales en ética aplicada exhiben cuatro rasgos distintivos: 1) se dan en un continuum teórico-práctico, 2) son interdisciplinarias, 3) tienen una orientación social (McDo- nald et alii 1988) y 4) ostentan un carácter dialógico.

En la convicción de que en la cultura contemporánea se ha abierto un espacio de reflexión y de prácticas que va más allá de las fronteras tradicionales de la filosofía práctica, con G. Lipovetsky

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podemos abogar “por la causa de las éticas inteligentes y aplicadas” (1994: 17), concibiéndolas co- mo partes indispensables del giro ético referido. Este giro ético, a mi entender, ha de convertirse en motor de un proyecto de convivencia nuevo, de otras costumbres y hábitos de pensamiento y de ac- ción, de un lugar propio, un êthos en su sentido más antiguo de morada y cobijo, construido por los hombres para todos (los hombres y los demás vivientes de nuestro planeta azul).

Ética y Ciencia: La “Nueva Alianza”

Hasta la polémica de los años ’60 entre los representantes del positivismo y los filósofos de la Escuela de Frankfurt y los trabajos de Th. Kuhn, la teoría de la ciencia se resistió a incluir en su agenda aspectos históricos, psicológicos, sociológicos y económicos que, en parte, desmitificaban la labor de científicos y tecnólogos, en tanto se consideraba la ciencia y la íntegra investigación como una práctica sociohistórica más. Actualmente, en cambio, los problemas cada vez más com- plejos y, en numerosos casos, globales, conducen al cuestionamiento de un modelo de ciencia basa- do en la especialización disciplinar, la certeza, la neutralidad axiológica (como garantía de objetivi- dad; vale decir, cientificidad) y la unicidad de perspectiva. Se tiende a reemplazar dicho modelo por modelos pluri- e interdisciplinarios que se hagan cargo de la incertidumbre, del error y los valores (Funtowicz; Ravetz 1993). La humanidad desencantada de nuestro tiempo se muestra más proclive a renunciar a la pretensión de certezas absolutas y parece contentarse con conocimientos que le brinden el mayor grado posible de confiabilidad práctica, en los cuales el saber se vuelque a la so- lución de problemas concretos, con instrumentos válidos y dé prueba de su eficiencia.

La toma de conciencia crítica acerca de los límites de la ciencia y de sus relaciones con la ética, así como de la posibilidad de un discurso sobre la ética profesional del científico no pretende un el abandono de la discusión lógico-racional de la ciencia y de sus métodos ni el de las investigaciones en ciencia aplicada y tecnología. La ampliación del dominio espacio-temporal (y de consecuencias imprevisibles en la mayor parte de los casos) de la acción humana modificada por la tecnología y gobernada por los imperativos del mercado globalizado nos impone, como pedía H. Jonas, un impe- rativo de “responsabilidad”. Una responsabilidad que no se reduce a los límites de la denominada responsabilidad legal (penal y civil), sino que, más allá de la observancia de la ley, es crítica de la misma y asume obligaciones y deberes nuevos en función de un cuidado tenaz del medio y de la biodiversidad y un acrecentamiento de la calidad de vida de los seres humanos actuales y futuros. Este nuevo tipo de responsabilidad comienza por delinearse en primera instancia como “deber de saber”. Deber de saber las consecuencias derivables de los cursos de la acción humana modificada por la tecnología. No se trata ahora de una nueva intelectualización de la moral y de la ética, sino de un componente necesario para la realización de juicios morales correctos y la toma de decisiones compartida según el modelo de “comunidad de pares ampliada” (Funtowicz; Ravezt 1993), en la cual han de intervenir quienes quedan de un modo u otro involucrados por las diversas políticas de la ciencia y de la tecnología.

La experimentación con animales en investigación y docencia como tema de la ética aplicada

Para contextualizar el estado actual de las investigaciones, he de referirme a un capítulo particu- lar de la ética aplicada contemporánea: la Animal Ethics, “ética de los animales”. Como éste es un apartado singular de la ética, debo advertir que algunos autores trabajan las cuestiones éticas referi- das a los animales como parte de la ética ambiental y/o ecológica, en tanto otros lo hacen con inde- pendencia de este marco. Esto se debe a que las dos grandes tradiciones modernas que tomaron en cuenta los animales como un objeto particular de la reflexión ética –utilitarista y kantiana-, lo hicie- ron sin atender a una ética ambiental, la cual, propiamente, es de data más reciente. De todas mane- ras hay que esperar hasta los años ’70 para que sucedan dos hechos filosóficos decisivos: la publi- cación de Animal Liberation de P. Singer (1975) y el anuncio de H. Jonas, al final de Organismus

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und Freiheit (1973), de la necesidad de continuar en una ética su filosofía del organismo, bajo la forma de El principio de responsabilidad (1979).

Estos dos hechos conducen a la pregunta siguiente: ¿Qué hay de teóricamente interesante en los animales para un filósofo práctico? David DeGrazia, quien intenta un modelo coherentista de ética de los animales, en su Taking Animals Seriously (1996) responde que con respecto a los animales existen dos problemas principales para el filósofo: el de su condición moral y el de sus vidas menta- les, siendo crucial el conocimiento de estas últimas para determinar la condición moral. Por otra parte, señala que la filosofía resulta indispensable en este campo, puesto que entre las creencias del sentido común al respecto existen grandes desacuerdos. La reflexión crítica filosófica contribuiría con la distinción entre las buenas intuiciones y los productos de prejuicios, sobre todo con el auxilio de los excelentes instrumentos de análisis que proporciona la filosofía.

Preguntarnos qué pasó en la Modernidad con el tratamiento filosófico de las creencias acerca de la condición moral y de las vidas mentales de los animales parece un paso indispensable para nues- tra reflexión, puesto que nuestras prácticas de investigación y docencia que incluyen animales son de origen moderno. Los enfoques de estas temáticas se dejan clasificar en tres posiciones funda- mentales, que responden a los nombres de R. Descartes, J. Bentham y E. Kant respectivamente.

La tesis cartesiana del animal como autómata se opone a toda idea de algo así como obligaciones o deberes específicos de los hombres con respecto a los animales y, obviamente, a la de un recono- cimiento de derechos. En su época, Descartes contribuye con esta tesis a la difusión de la vivisec- ción y a la práctica de experimentos cruentos con animales vivos. En consecuencia, las teorías de la ética de los animales y de la ética ambiental y/o ecológica contemporánea podrían incluirlo entre los filósofos antropocentristas fuertes.

Para la tradición humanista y republicana de filósofos como J. J. Rousseau e I. Kant, en cambio, los seres humanos tienen deberes con respecto a los animales que están basados en los deberes hacia si mismos. El tratamiento kantiano de la cuestión, más sistemático que el de Rousseau, ofrece, empero, algunas dificultades. Los textos más importantes se ubican en las Lecciones de ética (“el laboratorio donde de fraguó el formalismo ético”) (Rodríguez Aramayo 1988: 18), y en una obra posterior a la Crítica de la razón práctica, titulada La metafísica de las costumbres (1797). En esta última, se plantean dos divisiones de la ética. La primera, establecida según el principio que repre- senta la relación subjetiva de los que están obligados con el que obliga, es decir, según la materia, contiene dos tipos de deberes: los del hombre hacia el hombre (hacia sí mismo y hacia otros hom- bres) y los del hombre hacia “seres no humanos”, vale decir, seres “infrahumanos” y seres “sobre- humanos” (1994: 272). De todas formas, cabe hacer una restricción importante que precisa, más que rectifica, la división aludida. Según Kant, desde la mera razón, el hombre sólo tiene deberes hacia el hombre mismo, en tanto que el sujeto coaccionante tiene que ser una persona y, a la vez, estar dada como un objeto de la experiencia. Por consiguiente, no resulta lícito “confundir su deber con res- pecto a otros seres con su deber hacia esos seres” (1994: 309). Kant enumera los objetos de este deber con respecto a otros seres no personales o no humanos (en este pasaje adjetivos sinónimos de los seres inferiores al hombre): la naturaleza material, las plantas y los animales. El deber de no in- fligir a los animales sufrimientos inútiles, por ejemplo, se justifica por el perjuicio que tales accio- nes acarrearían para la salud moral de los seres humanos. La doctrina definitiva de Kant, en este sentido, sostiene que con respecto de los animales tenemos deberes indirectos, que se derivan del deber directo del hombre hacia sí mismo:

“Con respecto a la parte viviente, aunque no racional, de la creación, el trato violento y cruel a los animales se opone mucho más íntimamente al deber del hombre hacia sí mismo, porque con ello se embota en el hombre la compasión por su sufrimiento, debilitándose así y destruyéndose paulati- namente una predisposición natural muy útil a la moralidad en la relación con los demás hombres;

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si bien el hombre tiene derecho a matarlos con rapidez (sin sufrimiento) o también a que trabajen intensamente, aunque no más allá de sus fuerzas (lo mismo que tienen que admitir los hombres), son, por el contrario, abominables los experimentos físicos acompañados de torturas, que tienen por fin únicamente la especulación, cuando el fin pudiera alcanzarse también sin ellos. Incluso la grati- tud por los servicios largo tiempo prestados por un viejo caballo o por un perro (como si fueran miembros de la casa) forma parte indirectamente del deber del hombre, es decir, del deber con res- pecto a estos animales, pero si lo consideramos directamente, es sólo un deber del hombre hacia sí mismo” (1994: 309-310).

Tomada la cuestión desde otra perspectiva, parecería señalar Kant algo opuesto, ya que en el ca- pítulo “De los deberes para con los animales y los espíritus” contenido en las Lecciones, se dice que “los deberes para con los animales no representan sino deberes indirectos para con la humanidad” (1988: 287) y justifica su aserción del modo siguiente: “Dado que la naturaleza animal es análoga a la humana, observamos deberes hacia la humanidad, cuando por analogía los observamos hacia los animales y promovemos con ello de modo indirecto nuestros deberes hacia la humanidad” (Ibídem). En realidad, no varía el contenido, sino la forma de considerar los derechos y los deberes. En el tex- to más reciente, Kant se muestra cuidadoso con respecto a la atribución subjetiva de las obligacio- nes, al punto que corrige los términos de la división planteada antes, y desde este nuevo punto de vista no podría considerar que los deberes para con los animales fueran directos. En síntesis, la po- sición kantiana manifiesta un antropocentrismo débil.

Por la misma época, J. Bentham, fundador del utilitarismo, en el capítulo 17 de su Introducción a los principios de la moral y de la legislación, plantea de modo clásico la posición anti- especieísta de la escuela, basada en la condición de igual otorgada a todos los seres sensibles en virtud de su capacidad de sufrimiento:

“Los franceses han descubierto ya que la negrura de la piel no es razón para abandonar sin reme- dio a un ser humano al capricho de quien le atormenta. Puede que llegue un día en que el número de patas, la vellosidad de la piel o la terminación del os sacrum sean razones igualmente insuficientes para abandonar a un ser sensible al mismo destino. ¿Qué otra cosa es la que podría trazar la línea infranqueable? ¿Es la facultad de la razón, o acaso la facultad del discurso? Un caballo o un perro adulto es sin comparación un animal más racional, y también más sociable, que una criatura huma- na de un día, una semana o incluso un mes. Pero, aun suponiendo que no fuera así, ¿qué nos escla- recería? No debemos preguntarnos: ¿pueden razonar?, ni tampoco: ¿pueden hablar?, sino: ¿pueden sufrir?” (Singer 1999: 43).

De todas maneras, hay que pasar al siglo XX para encontrar un debate amplio en el cual partici- pan representantes de diversas posiciones. Este debate, sobre todo, versa acerca del principio utilita- rista, la condición moral de los animales, sus derechos y las obligaciones de los seres humanos con respecto a ellos. La riqueza de las discusiones es tal, que podría tergiversársela con una presenta- ción esquemática. En casi todos los casos, se toman en cuenta los usos que los hombres han dado y dan a los animales en sus prácticas productivas, científicas, alimenticias y recreativas y la cuestión de la extinción de especies por diversas formas de intervención humana, entre ellas, por alteración o destrucción de hábitats (F. B. Orlans et alii 1998).

Tal vez el libro que primero planteó las cuestiones acerca de la condición moral de los animales en toda su “respetabilidad intelectual” (DeGrazia 1996: 2) y denunció situaciones abusivas fue Animal Liberation (1975) de P. Singer, con vasta proyección filosófica y política posterior. Se re- toma el argumento de Bentham, justificándolo con evidencias conductuales, fisiológicas y evoluti- vas, y se sostiene que la sentience (capacidad de sufrir) abre el acceso a la condición moral y consti- tuye el fundamento de la igualdad. Por consiguiente, denuncia el especieísmo o “prejuicio de espe- cie”, vale decir, una actitud humana similar al racismo, puesto que privilegia nuestra especie por

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encima de las otras y le concede derechos que se supone las otras no tienen o no deben poseer. La experimentación con animales para diversos fines junto con la cría industrializada para fines ali- menticios son los dos ejemplos cruciales de este especieísmo, en tanto “originan más sufrimiento a más animales que cualquier otra actividad humana” (Singer 1999: 59). Otras reconstrucciones más contemporáneas del utilitarismo, como la de A. Krebs, van en la dirección de justificar la existencia de deberes morales directos hacia los animales y no meramente indirectos, si bien no se los convier- te en agentes morales (es decir, sujetos responsables). Por ello se considera que sólo vive en reali- dad moralmente quien concede la misma importancia a la buena vida de todos los seres capaces de tener sensaciones (dado que tales seres tienen intereses en una vida así) (J. Richmann 2000: 238).

Una muestra bastante avanzada del debate contemporáneo se manifiesta en el trabajo de DeGra- zia. Éste, luego de investigar acerca de la vida mental de los animales con el objetivo de determinar su condición moral, se apoya en una versión del modelo coherentista (también llamado modelo del “equilibrio reflexivo”) con el objeto de evitar los peligros del deductivismo principista y los de la casuística. De modo general, sostiene que muchos animales han alcanzado una condición moral y que ciertos usos corrientes que hacemos de ellos son, por consiguiente, éticamente insostenibles. En lugar de recurrir indiscriminadamente al principio de consideración igual, prefiere derivar y apoyar la mayor parte de sus conclusiones y principios en la obligación prima facie de no dañar, que espe- cifica el principio de “no maleficencia”. Una adecuada clasificación de las características moral- mente relevantes de los daños (magnitud, significación de su propósito y proximidad causal) y su funcionamiento estructural, le permite hacer manifiestas las relaciones entre daño y responsabilidad en cada caso y enunciar una vasta red de principios y situaciones complejas y típicas.

Es indudable que estos debates inciden en el momento de volver a replantear el tema y las regu- laciones de la experimentación con animales, sea con fines educativos, sea con fines de investiga- ción o testeo. Casi siempre se manifiesta la existencia de una “doble moral” y, en consecuencia, de un “doble derecho”. Las prácticas y las normas que las regulan reposan en una discutible supravalo- ración de la “diferencia antropológica”, diferencia para cuya sustentación fuerte carecemos de bases científicas dado que las diferencias entre especies se asemejan más a hitos o mojones dentro de un continuo.

Para la ética comunicativa, la posibilidad de comunicarnos con los animales y, por consiguiente, la de interactuar con ellos, si bien no mediada, salvo en medida muy limitada, por gestos lingüísti- cos, indica que atribuimos a los animales propiedades características de los agentes. Resulta de esto que tenemos deberes análogos a los demás deberes morales, porque al igual que éstos tales deberes se basan en los presupuestos del actuar intercomunicativo: “Si esta fundamentación de los deberes de interacción frente a los animales efectuada desde la teoría de la intersubjetividad no es entera- mente infiel a los fenómenos, se puede explicar también por qué los animales, por un lado, a causa de la estructura asimétrica de las interacciones posibles, dependen del hombre y necesitan su pro- tección, incluso de un modo especial, mientras que, por otro lado, solo disfrutan de ese miramiento moral dentro del horizonte intersubjetivo de nuestro tipo de interacciones” (Habermas 2000: 230).

Si se aceptan las conclusiones de autores como Krebs, DeGrazia y Habermas, es digno de tomar en cuenta el dilema de los experimentadores, según el cual: a) cuanto más alejados evolutivamente de los humanos se encuentren los animales de experimentación, menos aplicables a los humanos son los resultados de ésta, pero b) cuanto más cercanos evolutivamente se encuentren los animales, más inaceptables éticamente son los experimentos con ellos.

Si se toma en cuenta que se realizan numerosísimos experimentos superfluos, aun en el ámbito restringido de la investigación científica y de la docencia, parece indudable que gran parte de la ex- perimentación con animales podría ser suprimida o reemplazada con el empleo de innovaciones tecnológicas que brindan recursos alternativos y reservada sólo para aquellos casos en los cuales

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fuera absolutamente necesaria para el mejoramiento de la salud humana y/o animal. No asumo con esto la posición abolicionista. Pero tal vez valga como conclusión el plantear el carácter dramático de nuestras prácticas: si los experimentos con animales son un mal moral, puesto que con ellos les infligimos dolor y daño y muchos resultan superfluos o se hacen con fines no estrictamente vincu- lados con el mejoramiento de la salud humana o animal, existe el deber moral de minimizar el nú- mero de experimentos con animales, el número de animales involucrados y el sufrimiento de cada uno de ellos, así como el de refinar la metodología empleada.

En favor de mi posición, y por el lado de los científicos y experimentadores, puedo aducir el enunciado pionero del “principio de las tres erres” formulado por el zoólogo W.M.S. Russell y el microbiólogo R.L. Burch, quienes lo dieron a conocer en su obra de 1959, Principios de la técnica experimental humana. Según éste se pide: reemplazar los animales por métodos in vitro y otros mé- todos alternativos; reducir mediante técnicas estadísticas avanzadas la cantidad de los animales em- pleados en los experimentos; refinar los procesos experimentales de modo que causen menos sufri- miento a los animales involucrados. Este principio ha recibido numerosas críticas, pero ha sido el inicio de una renovación en las regulaciones y las prácticas. Al término de esta conferencia hago votos para que continuemos refinando nuestros instrumentos de experimentación y búsqueda con el esfuerzo mancomunado de científicos que nos instruyan acerca de la vida animal y de filósofos prácticos que nos señalen que nuestra relación con la biosfera no debe ser la de poseedor-poseído, sino considerarnos una parte especial de ella por responsables y nada más.

Bibliografía

Bonilla, A. (1998). La ética aplicada, Enoikos, No 13, pp. 42-48.

Bonilla, A. (1999). La democratización del conocimiento como exigencia ética; el derecho a la información (inéd.).

DeGrazia, D. (1996). Taking Animals Seriously, Cambridge, Cambridge Un. Press.

Funtowicz, S.; Ravetz, J. (1993). Epistemología política. Ciencia con la gente. Buenos Aires, CEAL.

Habermas, J. (2000). Aclaraciones a la ética del discurso, Madrid, Trotta.

Jonas, H. (1984). Das Prinzip Verantwortung, Frankfurt a.M., Suhrkamp.

Kant, E. (1988). Lecciones de ética, Barcelona, Crítica.

Kant, E. (1994). La Metafísica de las Costumbres, Madrid, Tecnos.

Lipovetsky, G. (1994). El crepúsculo del deber, Barcelona, Anagrama.

Mc.Donald, M. et alii (1988). Towards a Canadian Research Strategy for Applied Ethics, Ottawa, Canadian Federation for the Humanities.

Orlans, B. et alii (1998). The Human Use of Animals, Oxford, Oxford Univ. Press. Riechmann, J. (2000). Un mundo vulnerable, Madrid, Los libros de la catarata. Singer, P. (1993). Practical Ethics, 2.e., New York, Cambridge University Press. Singer, P. (1999). Liberación animal, Madrid, Trotta.

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¿Que sería del hombre sin los animales?

Si todos los animales fueran exterminados el hombre también moriría de una gran soledad.

Lo que le suceda a los animales también le sucederá al hombre.

Todo va enlazado.

Jefe Indio Seattle

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Posteado por: rbtwin | 21 marzo, 2013

Los deberes indirectos respecto a los animales: I. Kant

Los seres humanos tienen deberes con respecto a los animales que están basados en los deberes hacia sí mismos. El tratamiento kantiano de la cuestión es sistemático, aunque ofrece algunas dificultades. Según Kant, desde la mera razón, el hombre sólo tiene deberes hacia el hombre mismo, en tanto que el sujeto coaccionante tiene que ser una persona y, a la vez, estar dada como un objeto de la experiencia. Enumera los objetos de este deber con respecto a otros seres no personales o no humanos refiriéndose a la naturaleza material, las plantas y los animales. El deber de no infligir a los animales sufrimientos inútiles se justifica por el perjuicio que tales acciones acarrearían para la salud moral de los seres humanos. Kant sostiene que con respecto a los animales tenemos deberes indirectos, los cuales se derivan del deber directo del hombre hacia sí mismo.

“Con respecto a la parte viviente, aunque no racional, de la creación, el trato violento y cruel a los animales se opone mucho más íntimamente al deber del hombre hacia sí mismo, porque con ello se embota en el hombre la compasión por su sufrimiento, debilitándose así y destruyéndose paulatinamente una predisposición natural muy útil a la moralidad en la relación con los demás hombres; si bien el hombre tiene derecho a matarlos con rapidez (sin sufrimiento) o también a que trabajen intensamente, aunque no más allá de sus fuerzas (lo mismo que tienen que admitir los hombres), son, por el contrario, abominables los experimentos físicos acompañados de torturas, que tienen por fin únicamente la especulación, cuando el fin pudiera alcanzarse también sin ellos. Incluso la gratitud por los servicios largo tiempo prestados por un viejo caballo o por un perro (como si fueran miembros de la casa) forma parte indirectamente del deber del hombre, es decir, del deber con respecto a estos animales, pero si lo consideramos directamente, es sólo un deber del hombre hacia sí mismo”

Por lo tanto la posición kantiana parece dar algunos giros en cuanto a la consideración de los  derechos y los deberes respecto a los animales, pero se decanta en que los deberes hacia los animales no pueden ser directos.

Como hemos podido ver Kant establece el fin en sí mismo de las personas como tal que son y la diferencia entre “cosas” y “personas”, e inserta a los animales en el grupo de las “cosas” por su calificación de “seres irracionales”, ratificando así su función como medios de las personas.

“El hombre, y en general todo ser racional, existe como fin en sí mismo, no meramente como medio para el uso a discreción de esta o aquella voluntad, sino que tiene que ser considerado en todas sus acciones, tanto en las dirigidas a sí mismo como también en las dirigidas a otros seres racionales, siempre a la vez como fin.”

“Cosas. Los seres cuya existencia descansa no en nuestra voluntad, sino en la naturaleza. Son seres irracionales que tienen solamente un valor relativo como medios, y por ellos se llaman cosas.

Personas. En cambio, los seres racionales se denominan personas, porque su naturaleza ya los distingue como fines en sí mismos, esto es, como algo que no puede lícitiamente ser usado meramente como medio.”

 

Podemos ver como la posición kantiana parece girar, como anteriormente aludíamos, en cuanto a la consideración de los animales, según estas palabras.

Obra guiándote por leyes universales, tratando a la humanidad como fin y nunca sólo como medio. Obra como si la máxima de tu acción fuese a convertirse por tu voluntad en una ley universal de la naturaleza. Obra de tal modo que uses a la humanidad tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro siempre a la vez como fin, nunca meramente como medio. Actúa de tal modo que tu voluntad pueda, por su máxima, considerarse a sí misma a la vez como legisladora de un universal reino de los fines.”

Podría interpretarse de ellas que la manera de utilizar la naturaleza y los animales como medio puede ser algo con forma destructiva, precisamente si no está justificando el fin de esa utilización, ya que un fin en sí mismo es la conservación de los recursos naturales, incluidos los animales, para las generaciones futuras.

Pensamos que Kant, a pesar de los giros que en ocasiones parece dar, expresa clara y manifiestamente su antropocentrismo, con la idea del ser humano como valor por sí mismo y de los animales como medios, con un valor relativo. Aunque hay que matizar, Kant muestra un antropocentrismo débil.

 Rafa Boix, junio 2012

Texto de Oscar Horta

  • LA CONSIDERACIÓN ACTUAL DE LOS ANIMALES NO HUMANOS COMO MEROS RECURSOS
    Los animales no humanos son vistos, de manera general, como seres que no tenemos por qué respetar. Se asume que sólo los miembros de la especie humana han de ser plenamente tenidos en cuenta. Así, se considera que es perfectamente legítimo dañar (aunque sea notablemente) a los animales de otras especies, si ello nos proporciona algún beneficio.
    Como consecuencia de esto, los animales no humanos son tratados de manera cotidiana, sistemática e institucionalizada como meros recursos. Esto ocurre en un gran número de ámbitos. Su uso se lleva a cabo para la obtención de bienes y servicios muy variados, entre los que destacan los de tipo culinario-alimenticio. La mayor parte de los seres humanos participan de tal utilización, que es muy raramente cuestionada.
    Así las cosas, parece que tendría que resultar muy sencillo responder a la siguiente pregunta ¿por qué hemos de considerar de manera verdaderamente respestuosa sólo a los seres humanos y no a otros seres? Sin embargo, en cuanto profundizamos un poco en la cuestión, descubrimos que no es tan fácil hacerlo.

    LOS ARGUMENTOS A FAVOR DEL USO DE LOS ANIMALES NO HUMANOS: LAS CAPACIDADES INTELECTUALES
    Muchas veces se da por asumido que hemos de respetar a los humanos, y no a los animales de otras especies (la postura que puede también llamarse “antropocentrismo”), sin dar ninguna razón que pueda sustentar esta idea. En otras ocasiones se dice, simplemente, que los seres humanos deben ser considerados de forma peculiar porque son “seres superiores”, sin entrar a detallar en qué consiste exactamente tal superioridad. Estas posturas no aportan verdaderamente ningún argumento a su favor, y no proporcionan, por tanto, ninguna justificación válida. Hay, sin embargo, otras ocasiones en las que sí que se intenta defender esta idea mediante argumentos más o menos elaborados. Uno de los esgrimidos de manera más común pasa por afirmar que los seres humanos poseen determinadas capacidades de las que carecen los animales de otras especies, como la racionalidad, la posibilidad de usar un lenguaje u otras facultades de carácter cognitivo. Se supone que es el hecho de poseer estas capacidades lo que hace que alguien deba ser respetado o respetada, y, en consecuencia, que no hay motivo alguno para tener en cuenta a quienes no las posean.
    Hay que decir sobre este razonamiento que, en realidad, hace alusión a un criterio un tanto borroso. Ello es así porque la posesión de las facultades citadas no es cuestión de “todo o nada”. Por el contrario, estas son poseídas por diferentes animales de distinta forma, y en distinto grado de complejidad. Que los seres humanos posean ciertas capacidades cognitivas en un cierto grado de complejidad no quiere decir que los demás animales no tengan ninguna capacidad cognitiva. (Del mismo modo, hay ciertas facultades que los seres humanos no poseen y otros animales sí, como las relativas al uso del sentido de la ecolocación, que animales como los murciélagos o los delfines poseen, pero los humanos no). En cualquier caso, este no es el motivo principal por el que hay que rechazar tal argumento. Existen dos razones, que tienen mucho más peso, por las que procede concluir que este no tiene éxito.

    Un supuesto falso
    El primer motivo para rechazar este razonamiento es muy simple: radica en que la afirmación en la que se basa es falsa. La razón por la que esto es así consiste en que no todos los seres humanos poseen las capacidades arriba mencionadas. Un gran número de estos carece de ellas. ¿Quiénes? No es difícil de constatar: muchos de aquellos que tienen lo que hoy en día se denomina diversidad funcional intelectual. Antaño, estos eran llamados, de manera poco respetuosa, “deficientes intelectuales” o incluso “retrasados mentales”. Y eran objeto de una terrible discriminación. Hoy en día, su situación está lejos de ser la deseable, no obstante, por fortuna, la mayoría de nosotros convendremos en que es totalmente rechazable que se les discrimine. Sin embargo, ello es lo que se sigue de los argumentos en defensa del antropocentrismo, dado que estos afirman que quien no posee las capacidades arriba referidas no debe ser respetado.
    Ante esto, podría tal vez responderse que el número de seres humanos con diversidad funcional de este tipo es muy reducido. Con todo, acerca de esto conviene tener en cuenta tres circunstancias:
    (a) La primera, que, aun en el caso de que fuese así, ello no sería de mucho consuelo para quienes se viesen en tal situación de discriminación. Y esta discriminación resultaría igualmente rechazable.
    (b) La segunda, que cualquier ser humano (de hecho, cualquiera de nosotros) puede verse en tal situación en el futuro −por ejemplo, si sufrimos un accidente en el que nuestro cerebro se ve dañado−.
    (c) Y la tercera, que, de hecho, todos y cada uno de los seres humanos se halla, al menos en algún momento de su vida, en tal situación. ¿Cuándo? Al inicio de su vida. Los niños y niñas de corta edad tienen capacidades intelectuales o comunicativas que son menores, de hecho, que las de muchos animales no humanos. Esto no constituye una cuestión abierta a controversia, es simplemente la afirmación de un hecho. A veces se indica que, en el caso de los niños y niñas, existe un potencial en desarrollar ciertas capacidades. Este argumento, sin embargo, falla su objetivo, al menos por dos motivos. En primer lugar, tener el potencial de algo no implica tener ese algo (así, que alguien tenga el potencial de convertirse en presidente de un país no hace que tenga los poderes de hecho de un presidente). En segundo lugar, este argumento no pondría reparos a que se matase a los niños, puesto que, al hacerlo, se anularía su potencial, con lo que ya no habría motivo para tenerlos en cuenta. Quienes consideremos que los niños y niñas han de ser respetados no podremos aceptar, pues, tal argumento.
    Esto nos muestra dos cosas. La primera, que este argumento no tiene éxito a la hora de distinguir entre seres humanos y otros animales. La segunda, que si estamos en contra de la discriminación de seres humanos, no podremos aceptar un razonamiento que pretenda privar de respeto a los animales no humanos por no poseer ciertas capacidades.
    Un requisito que no es relevante
    Ello, a su vez, puede llevarnos a considerar lo siguiente. Lo relevante, a la hora de que nos afecte que los demás nos respeten o no, es algo distinto de nuestras capacidades intelectuales o lingüísticas. Es, simplemente, que podamos sufrir y disfrutar. Conforme a esto, si queremos tomar nuestras decisiones morales guiados y guiadas por lo que en el mundo real es relevante, parece claro a quién deberemos respetar. Habremos de tener en consideración a todos aquellos que tienen tal capacidad, esto es, a todo ser que pueda tener experiencias positivas y negativas. Esto nos muestra que la idea de que sólo han de recibir respeto quienes poseen ciertas facultades intelectuales debe ser rechazada; y, por supuesto, debería serlo incluso aunque no hubiese ningún ser humano discriminado por ella.

    LOS ARGUMENTOS A FAVOR DEL USO DE LOS ANIMALES NO HUMANOS: LAS RELACIONES EMOCIONALES
    En otras ocasiones se indica que lo relevante a la hora de tratar de manera desfavorable a los animales no humanos es el hecho de que no tenemos con ellos relaciones de afecto, simpatía o solidaridad, relaciones que sí manifestamos en el caso de los seres humanos. Se asume, así, que este es el criterio sobre el que descansan nuestras responsabilidades hacia los demás. El hecho es que este argumento, de nuevo, va a tener que ser rechazado, por motivos análogos a lo que pudimos ver que sucedía en el caso del anterior:
    Un supuesto falso
    En primer lugar, hay que apuntar que no es cierto que mantengamos relaciones de afecto, simpatía o solidaridad con todos y cada uno de los seres humanos. En realidad, a la casi totalidad de estos no los conocemos de nada. De hecho, en muchos casos tenemos relaciones más cercanas con animales de otras especies que con la inmensa mayoría de los seres humanos. Por otra parte, diariamente recibimos noticias de agresiones y guerras entre seres humanos, lo cual muestra que es muy común que los seres humanos no manifiesten una relación de solidaridad y simpatía entre sí, sino más bien lo contrario. Y esta falta de solidaridad la sufren en particular muchos que se encuentran solos en la vida, desde niños huérfanos a personas mayores sin nadie que se ocupe de ellos. De este modo, si aceptamos este argumento, justificaremos que todos estos seres humanos sean privados de todo respeto. Comprobamos, así, que estamos ante un nuevo fracaso a la hora de intentar trazar una línea que distinga la consideración moral de los seres humanos de la de los demás animales.
    Un requisito que no es relevante
    Lo dicho arriba puede llevarnos a ver este argumento como inaceptable. Ahora bien, hay que apuntar aquí, de nuevo, que si esto es así no puede ser verdaderamente por el hecho de haya seres humanos perjudicados por él. En realidad, conforme a lo dicho arriba, hay un motivo de otro tipo para su rechazo: que el hecho de que no mantengamos ciertas relaciones con alguien no tiene ninguna relevancia a la hora de que ese alguien pueda ser dañado o dañada como consecuencia de nuestros actos.
    La conclusión a la que así se llega es que no existen argumentos que justifiquen que se trate de manera desfavorable a los animales no humanos.

    POR QUÉ LOS ANIMALES NO HUMANOS PUEDEN SUFRIR Y DISFRUTAR
    Una última respuesta que ante esto se da en ocasiones consiste en la afirmación de que los animales de especies distintas a la nuestra no pueden realmente sufrir y disfrutar. La mayoría de nosotros seguramente rechazará tal idea por sentido común. Pero es importante tener en cuenta aquí que no estamos meramente ante una cuestión de sentido común. Que los animales no humanos pueden sufrir y disfrutar es una afirmación que resulta plenamente respaldada por las evidencias empíricas y las razones a nuestra disposición. En concreto, disponemos de tres indicadores fundamentales para concluir esto.
    Conducta:
    En ocasiones, se dice que podemos saber si un ser humano sufre o disfruta porque nos lo puede decir. Sin embargo, si viésemos a alguien llorando y retorciéndose y, entre sollozos y gemidos, nos indicase que está disfrutando, no lo creeríamos. Cuando vemos a alguien gesticular, retorcerse, chillar o gritar de un modo determinado, deducimos que está sufriendo. Y si lleva a cabo otro tipo de gesticulaciones, por ejemplo, si se ríe, suponemos que lo está pasando bien. Lo mismo ocurre en el caso de los animales de especies distintas a la nuestra. Cuando vemos a un perro que salta y mueve el rabo podemos deducir que está disfrutando, mientras que si gime de un modo determinado cabe concluir que está sufriendo. La clase de conducta que alguien manifiesta es un motivo para creer que está sintiendo placer o sufriendo, tanto en el caso de los humanos como en el animales de otras especies.

    Fisiología:
    Este es el indicador más importante. No sufrimos y disfrutamos por arte de magia, por alguna capacidad misteriosa cuya causa no podemos explicar con claridad. Por el contrario, podemos sufrir y disfrutar porque tenemos una estructura fisiológica que lo permite. Esta consiste en un sistema nervioso centralizado, mediante el cual no sólo recibimos estímulos, sino que tenemos la experiencia que nos ocasiona tal estímulo. No sólo ocurre que nuestro organismo reacciona ante una bajada de temperatura (por ejemplo, mediante el erizamiento capilar), sino que percibimos la sensación de frío. Pues bien, no sólo los seres humanos poseen un sistema nervioso. También muchos otros animales las poseen. Esto ocurre tanto en el caso de los vertebrados como en el de muchos invertebrados.

    Lógica evolutiva:
    La capacidad de sufrir y disfrutar posibilita a los seres con la posibilidad de moverse huir de aquello que les daña y acercarse a lo que les puede beneficiar (por ello, sería un absurdo evolutivo que aquellos seres sin la posibilidad de efectuar movimientos pudiesen sufrir y disfrutar). Ahora bien, no sólo los seres humanos podemos movernos, alejándonos o aproximándonos a lo que nos resulta negativo o positivo. Muchos otros animales tienen también esta capacidad. Así, no hay motivo evolutivo por el que sólo los seres humanos puedan tener experiencias positivas y negativas. Por otra parte, los seres humanos y los demás animales nos encontramos emparentados evolutivamente. No tiene sentido pensar que la capacidad de sufrir y disfrutar haya aparecido tan recientemente en la historia evolutiva que sólo los seres humanos la puedan poseer.
    A la luz de lo que estos tres indicadores apuntan, hay que concluir que los seres humanos no son los únicos animales que pueden sufrir y disfrutar. Ciertamente, hay algunos animales con una estructura fisiológica muy sencilla (como es el caso de las medusas o las hidras) que no tienen esta capacidad. Pero, tal y como he indicado arriba, hay motivos de peso para concluir que los vertebrados, y un gran número de invertebrados, sí sufren y disfrutan. Este es el caso, así, de los animales que comúnmente utilizamos como recursos.

    POR QUÉ EL SUFRIMIENTO Y DISFRUTE DE LOS ANIMALES NO HUMANOS NO ES MENOR QUE EL QUE PUEDEN SENTIR LOS SERES HUMANOS
    Muchas veces se afirma que, aunque los animales no humanos puedan sufrir y disfrutar, su capacidad de hacerlo es incomparablemente menor que la de los seres humanos. Esta suposición, sin embargo, pese a ser mantenida de forma muy común, resulta muy cuestionable. Hemos de tener en cuenta lo siguiente:

    (1) En primer lugar, no existen evidencias fisiológicas en las que basar la idea de que el dolor o placer físico que puede experimentar un ser humano sea mayor que el que sea susceptible de recibir un animal de otra especie.

    (2) En segundo lugar, hay que apuntar que no tenemos motivos para mantener que la capacidad de sentir dolor o placer físico que poseemos los seres humanos sea menor que la capacidad que tenemos de sentir sufrimiento o disfrute psicológico. En nuestra vida podemos experimentar muchos placeres puramente intelectuales. Pero ¿renunciaríamos a nuestros disfrutes físicos sólo por aumentar tales placeres intelectuales? Seguramente no. Igualmente, aunque podemos padecer enormes sufrimientos psicológicos, no hemos de perder de vista que también podemos sufrir inmensos padecimientos físicos, que en nada palidecen ante aquellos. Quienes han padecido alguna enfermedad dolorosa saben esto bien.
    Por otra parte, es sin lugar a dudas cierto que hay determinadas situaciones en las que el hecho de poseer un cierto grado de inteligencia hace que podamos sufrir más, por ejemplo, porque anticipamos un daño que vamos a sufrir en el futuro. Pero tampoco debemos perder de vista que en muchos casos sucede exactamente a la inversa: el hecho de no poseer un cierto grado de inteligencia hace que muchos seres padezcan un sufrimiento extra. Pondré un ejemplo. Un animal atrapado que vaya a ser liberado pronto no puede comprender su situación, cree que su captura es definitiva, y, posiblemente, que lo que le espera es la muerte. De este modo, sufrirá inmensamente más que alguien a quien le podamos explicar que su cautiverio es sólo temporal.

    EL INTERÉS EN LA LIBERTAD Y EN VIVIR DE LOS ANIMALES NO HUMANOS
    Podría pensarse que todo esto tendría únicamente repercusión en lo tocante al sufrimiento de los animales. Tomarse en serio lo dicho arriba podría implicar, así, no martirizarles, pero no preocuparse por su libertad o su vida, de manera que no habría ningún impedimento moral para recluirlos o matarlos. Ahora bien, si pensamos esto es que estamos dejando de lado una parte muy importante de la cuestión. Al privar a un animal de libertad le estamos seguramente infligiendo un sufrimiento. Y lo mismo ocurre cuando se le mata: la muerte implica en la mayoría de los casos dolor y miedo para quien la sufre. Pero esto no es todo. Tal y como se ha subrayado más arriba, los animales no humanos no sólo tienen la capacidad de sufrir, sino también la de disfrutar. Por ello, cuando les privamos de su libertad, estamos impidiendo que puedan llevar adelante una vida mejor. Y esto ocurre de modo aun más notable si los matamos. La muerte es algo negativo debido a que impide que podamos continuar viviendo todas las cosas buenas que la vida nos puede brindar. La vida es un bien para todos los seres con la capacidad de disfrutar. Y es por esto mismo por lo que la muerte es un daño para ellos. Aun y cuando sea una muerte indolora, la muerte daña a los animales. Esta idea no nos debería resultar extraña: cualquiera de nosotros rechazaría, a buen seguro, ser matado de forma indolora, pues ello nos privaría de las cosas positivas, de los disfrutes que la vida aun nos puede ofrecer.

    LA DISCRIMINACIÓN ESPECISTA
    Hemos visto que no está justificado dar prioridad a la satisfacción de los intereses de un ser por el hecho de que este pertenezca a una especie determinada. Tampoco hay motivos para suponer que los animales sufren o disfrutan menos que los seres humanos. Ante todo esto, hay que concluir que no hay motivos para limitar nuestro respeto a los seres humanos, o aun para respetar a los animales no humanos de modo inferior. Podemos concluir, pues, que la actual desconsideración de la que estos son objeto, y su consiguiente uso como recursos, constituye una forma de discriminación. De hecho, así como llamamos “sexismo” a la discriminación de quienes no pertenecen a un cierto sexo, y “racismo” a la de quienes no tienen unos ciertos rasgos físicos, podríamos denominar a una discriminación de este tipo, que desfavorece a quienes no pertenecen a una cierta especie, “especismo”. (En otras palabras, se puede decir que el antropocentrismo es una forma de especismo).

    EL ABANDONO DEL USO DE LOS ANIMALES NO HUMANOS
    Vemos, pues, que el uso como recursos de los animales no humanos carece de justificación. De aquí se sigue la necesidad, si queremos obrar de un modo moralmente justificado, de optar por un modo de vida que deje de lado tal utilización. En el día a día, la manifestación más importante que esto viene a tener es la adopción de un modo de vida vegetariano. Y es que no se trata ya de que debamos tratar de manera “menos cruel” a los animales no humanos, o de que busquemos minimizar el daño que sufren al ser usados como objetos de propiedad. Lo que los argumentos arriba planteados llevan a concluir es que dicho uso, como tal, debe ser abandonado.

 
Posteado por: rbtwin | 19 marzo, 2013

Las tres R’s en investigación con animales (II)

Además debemos garantizar a los animales objeto de experimentación al menos, cinco garantías conocidas como “five freedoms” (Farm Animal Welfare Conuncil):

  • Libertad para comer y beber
  • Libertad de la incomodidad
  • Libertad del sufrimiento, las heridas o la enfermedad
  • Libertad para expresar su comportamiento normal
  • Libertad del miedo y estrés

 

Por tanto, es importante contar con un Código Ético para introducir los principios éticos y buenas prácticas de laboratorio para todo el personal investigador, con un personal motivado y adecuado en los principios éticos que apliquen procedimientos en la práctica diaria que aseguren que éstos principios éticos se cumplen. Además de asegurarse que todo el personal, lo que incluye, además de los propios investigadores, técnicos, criadores y cualquier otro profesional que trabaje  en la investigación con animales,  esté formado tanto técnica como éticamente para poder cumplir los requisitos técnicos y morales que subyacen del experimentar con animales. Y la mejor manera es desde la educación pregrado en las disciplinas afines. Sería recomendable verificar durante el proceso de acreditación el cumplimiento efectivo de un Código de Ética.

También es recomendable fortalecer y dotar de medios a los Comités Éticos para la Experimentación Animal en todas las instituciones donde se realicen proyectos de investigación con animales, porque además de ser el órgano que dará su visto bueno al inicio de un proyecto de investigación con animales, también va a verificar durante el proceso de investigación el cumplimiento efectivo de un Código Ético.

Es posible que algunos puedan interpretar que el fin último de las tres R’s es el hacer desaparecer a los animales de los proyectos de investigación, aunque hoy en día no sea esta la tendencia, los Comités tienen muy en cuenta a la hora de evaluar proyectos si se han aplicado todas las posibilidades que nos ofrecen los principios de las tres R’s. El echo es que tuvimos la ocasión de tener alguna charla con investigadores que utilizan animales en sus proyectos de investigación y nos confesaron desde el anonimato que en ocasiones se produce la paradoja de que algunos investigadores en su afán de no tener un informe negativo a su proyecto de investigación por parte del Comité Ético para la Experimentación Animal del centro correspondiente, pecan de la utilización de menos animales de los necesarios para unos resultados de investigación con garantías de fiabilidad y finalmente acaban teniendo que modificar su proyecto al comprobar que no es correcto y tienen que solicitar una nueva evaluación al Comité correspondiente. Esto quiere decir que existe cierto “pánico” a que un proyecto sea rechazado por un Comité en ciertos círculos de investigación. Incluso se da la paradoja de haber causado sufrimiento a unos animales de un proyecto de investigación que ha sido inútil por  haber utilizado el número adecuado de animales que garantizaran unos resultados aceptables.

Más recientemente, se ha instalado una cuarta R: el Reciclaje. Apunta a utilizar los animales de experimentación más de una vez para otros tantos fines. A modo de ejemplo: animales sin tratamiento previo (excepto la eutanasia) que después de producida la exéresis (ablación quirúrgica de una parte inútil al organismo, o de un cuerpo extraño) de algunos órganos objeto de estudio, y debidamente conservados, se destinan a la alimentación de especies predadoras en centros de crianza y zoológicos.

El elemento del concepto de Justicia también está presente en los métodos de las tres R’s, ya que si antes aludíamos al principio de responsabilidad y el respeto a la dignidad del investigador, la realización de proyectos de investigación con animales debe ser avalada, con respecto a la justicia, siempre que sea mayor el beneficio científico que el propio bienestar animal. Por este motivo el investigador debe tener en cuenta este concepto de justicia y ser responsable con el bienestar del animal en todo momento, respetándolo y considerándolo un factor esencial a la hora de confeccionar su proyecto de investigación, es su responsabilidad personal.

Para algunos autores se debe llegar más allá y por eso queremos nombrar algunas obligaciones morales que propone Juan Gonzalez Restrepo Salazar,

porque van más allá incluso de la responsabilidad ética del investigador y de los métodos de las tres R’s:

Tanto los Docentes como los Investigadores que hagan objeto de observación a los animales, están moralmente obligados a tener hacia ellos por lo menos:

– Respeto: no tener acciones despectivas ni espeicistas hacia ellos.

– Afecto: porque igual que nosotros comparten el misterio del origen de la vida.

– Gratitud: por el servicio que nos prestan y porque la experiencia o la investigación dependen básicamente de ellos.

 

Para Díaz y Brito,

con el fin de facilitar la práctica de las R’s es necesario seguir las siguientes recomendaciones:

 

a) Definir y controlar las condiciones de mantenimiento de los animales en experimentación.

b) Constatar que exista una probabilidad razonable de que los estudios que utilizan animales contribuyan de manera importante a la adquisición de conocimientos.

c) Utilizar métodos estadísticos, modelos matemáticos y sistemas biológicos in vitro cuando sean apropiados para completar la experimentación animal y reducir así el número de los sujetos utilizados.

d) Utilizar el animal mejor adaptado a la investigación en curso (especie, cepa, sexo, edad o peso) tomando en cuenta el grado sensorial y psíquico propio de cada especie.

e) Evitar al animal todo sufrimiento físico o psíquico inútil. Deben ponerse en marcha los métodos que permitan disminuir el sufrimiento y el dolor en el caso de que sean evitables y considerar adelantar el punto final del experimento.

 

Por último para cerrar este punto de nuestro trabajo queríamos mencionar que para González y De la Peña,

 pueden mencionarse, entre otros, los siguientes principios éticos específicos que aseguran el bienestar de los animales de experimentación:

 

– Posibilitar el mínimo de manipulaciones y las intervenciones en su entorno, evitando perturbarlo o provocarle reacciones de alerta o refugio.

– Ofrecer un entorno confortable y protegido en cuanto a agentes físicos, químicos y biológicos.

– Lograr la seguridad del confinamiento, evitar la exposición a daños y la ausencia de peligros. Las áreas de alojamiento de los animales deben ser específicas para este propósito y responder a los requerimientos establecidos.

 Rafa Boix, mayo 2012
Posteado por: rbtwin | 18 marzo, 2013

Las tres R’s en la investigación con animales (I)

El hombre necesita de los animales para seguir evolucionando como un ser auxiliar que le es necesario para trabajar, alimentarse, investigar en la búsqueda del conocimiento, etc. Pero al mismo tiempo es un ser viviente que es común al hombre. Estos ya son unos motivos más que suficientes para cuidarlo mediante el respeto. Por ello debe existir una probabilidad razonable de que la utilización de los animales va a contribuir al avance del conocimiento que redundará en la mejora de la salud del hombre.

Una vez se encuentre debidamente justificada y evaluada la eticidad del proyecto de investigación, el siguiente fin es, realizarlo aplicando de una manera escrupulosa los principios establecidos de las tres R’s que a continuación vamos a desarrollar.

La primera condición del investigador que trabaja con animales de laboratorio es el respeto por la vida, por el dolor o el sufrimiento a que éstos pueden ser sometidos en los trabajos bajo su responsabilidad, dentro de la cual se incluye la búsqueda de alternativas al modelo experimental.

La tres R’s aparecieron con Russel y Burch a principios de los años cincuenta, dos científicos, el primero zoólogo y el segundo microbiólogo. Hicieron unos postulados cuya filosofía se basa en la aplicación de tres estrategias conocidas como las tres R’s de Rusell (Reemplazo, Reducción y Refinamiento)

Las tres R’s es un tema obligado en la ética de la experimentación animal, 

 ya que su pretensión es reducir esos daños colaterales que se producen a los animales.

Hablamos de reemplazar, reducir y refinar, términos traducidos del inglés. Dentro de la búsqueda de la dignidad humana a través del respecto que merecen los animales como parte de nuestra naturaleza, encontramos los principios de las tres R’s en un afán de la responsabilidad y el respeto a la dignidad humana del investigador y que propone maneras de infligir menos sufrimiento a los animales como finalidad. 

A nivel internacional existen diferentes instituciones que tienen como finalidad específica la promoción del desarrollo de alternativas válidas a la experimentación con animales.

La más activa de las estrategias de las tres R’s en los últimos tiempos es la del reemplazo, que como su nombre indica se trata buscar alternativas al uso de los animales para la experimentación.

Ya existen en la actualidad bases de datos donde buscar alternativas a los animales para diferentes tipos de experimentación que se quieran realizar. Además de la experimentación en sí misma con un carácter de investigación, también debemos tener en cuenta que con el aumento de las prácticas docentes por el incremento del número de alumnos en las universidades, la búsqueda de alternativas a la utilización de animales adquiere una gran importancia, desde modelos artificiales hasta programas informáticos por poner dos ejemplos. Russell y Burch distinguieron entre reemplazo relativo y reemplazo absoluto, el primero da el sacrificio humanitario de animales vertebrados para obtener células, tejidos u órganos para estudios in vitro y, el segundo los animales son reemplazados por cultivos de células humanas, de invertebrados y tejidos.

La R de reducir hace el planteamiento de limitar al mínimo número posible la cantidad de animales utilizados para la experimentación basándose en la optimización del procedimiento a través normalmente de métodos estadísticos y así ahorrar sufrimiento al mayor número de animales posible. Respecto de la reducción del número de animales utilizados en los procedimientos científicos, apunta al diseño experimental y al análisis estadístico apropiado y se basa en dos aspectos: 

A) Desde el punto de vista de las unidades experimentales, favoreciendo el acceso a colonias genéticamente homogéneas y criadas en un ambiente controlado, y 

B) Desde la perspectiva de los métodos de análisis, implementando una metodología bioestadística avanzada e impulsando la publicación de resultados (aun los negativos) para que no se repitan experimentos innecesarios. La disminución debe ser la necesaria para asegurar la validez científica, sin pérdida de precisión y nunca a expensas de mayor dolor y sufrimiento de los pocos animales que se utilicen.

Y por último con refinar se pretende reducir el sufrimiento animal, reduciendo la ansiedad producida con la búsqueda de animales que por su especie tengan una menor capacidad sensitiva ante el tipo de experimento a realizar según la escala filogenética, la cual debe apoyarse en sólidos criterios de fisiología, ya que aunque esté justificado el infligir un daño al animal, este debe estar minimizado todo lo posible que sea. Podemos decir que la tarea del refinamiento es minimizar la angustia del animal en la experimentación. Aquí se deben tener en cuenta muchos aspectos como pueden ser el empleo del equipamiento adecuado, la formación adecuada del personal de laboratorio, empleo de animales ya criados en cautividad que no sean conscientes de su perdida de libertad por haber conocido otro medio, procurar una eutanasia no dolorosa cuando la participación del animal en el experimento ya no fuera necesaria y este estuviese sufriendo, disminuir efectos secundarios mediante analgesia o anestesia si fuera posible y así hasta todos lo que sea posible por la naturaleza de la investigación con animales.

El Refinamiento involucra, fundamentalmente, la sujeción a normas y parámetros internacionales del manejo animal, la definición genética y del estado microbiológico de los animales utilizados (animales definidos) y la optimización del ambiente donde son criados y mantenidos durante la experimentación. Agrupa aquellos métodos que alivian o minimizan el dolor potencial y la angustia para mantener el bienestar del animal. El dolor resulta del daño real o potencial en los tejidos causado por actores como la agresión, la cirugía o la enfermedad. La mayor parte del dolor potencial y la angustia pueden ser evitados o aliviados mediante el uso correcto de anestésicos y analgésicos. Una importante contribución al refinamiento es el desarrollo de técnicas e instrumentación, que permiten procesar muestras cada vez más pequeñas y concomitantemente, reducir el daño del animal. Los progresos en el refinamiento de los experimentos llevarán, por sí solos, a la reducción en el número de animales utilizados.

Rafa Boix, mayo 2012

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